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Capítulo 6

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Tome asiento en la mesa de los Slytherin, y vi atentamente como seleccionaban a los nuevos a las casas que pertenecerían, poco después de que terminara vi entrar a Harry y Hermione, que se acomodaban a ambos lados de Ron.

La gente se volvía para mirarlos cuando pasaban por la parte trasera del Comedor y algunos señalaban a Harry ¿Había corrido tan rápido la noticia de su desmayo delante del Dementor?

Quería saber el por qué se habían llevado a ambos, pero entonces el director se puso en pie para hablar.

El profesor Dumbledore, aunque viejo, siempre daba la impresión de tener mucha energía.

- ¡Bienvenidos! - dijo Dumbledore, con la luz de la vela reflejándose en su barba - ¡Bienvenidos a un nuevo curso en Hogwarts! Tengo algunas cosas que decirles a todos, y como una es muy seria, la explicaré antes de que nuestro excelente banquete los deje aturdidos - Dumbledore se aclaró la garganta y continuó - Como todos saben después del registro que ha tenido lugar en el expreso de Hogwarts, tenemos actualmente en nuestro colegio a algunos Dementores de Azkaban, que están aquí por asuntos relacionados con el Ministerio de Magia - Se hizo una pausa – Están situados en las entradas a los terrenos del colegio, y tengo que dejar muy claro que mientras estén aquí nadie saldrá del colegio sin permiso. A los Dementores no se les puede engañar con trucos o disfraces, ni siquiera con capas invisibles. No está en la naturaleza de un Dementor comprender ruegos o excusas. Por lo tanto, les advierto a todos y cada uno que no deben darles ningún motivo para que les hagan daño. Confío en los prefectos y en los últimos ganadores de los Premios Anuales para que se aseguren de que ningún alumno intenta burlarse de los Dementores.

Dumbledore hizo otra pausa. Recorrió la sala con una mirada muy seria y nadie movió un dedo ni dijo nada.

- Por hablar de algo más alegre, este año estoy encantado de dar la bienvenida a nuestro colegio a dos nuevos profesores. En primer lugar, el profesor Lupin, que amablemente ha accedido a enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras.

Hubo algún aplauso aislado y carente de entusiasmo, el profesor Lupin parecía un adán en medio de los demás profesores, que iban vestidos con sus mejores togas.

- En cuanto al otro último nombramiento - prosiguió Dumbledore cuando se apagó el tibio aplauso para el profesor Lupin - Siento decirles que el profesor Kettleburn, nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, se retiró al final del pasado curso para poder aprovechar los miembros que le quedan. Sin embargo, estoy encantado de anunciar que su lugar lo ocupará nada menos que Rubeus Hagrid, que ha accedido a compaginar estas clases con sus obligaciones de guardabosques.

Voltee a ver a Harry, Ron y Hermione, nos miramos atónitos. Luego nos unimos al aplauso, que fue especialmente caluroso en la mesa de Gryffindor pues los de Slytherin no parecían muy contentos con la idea.

Me incline para ver a Hagrid, que estaba rojo como un tomate y se miraba las enormes manos, con la amplia sonrisa oculta por la barba negra.

¡Tendría que haberlo adivinado! - pensé - ¿Qué otro habría sido capaz de mandarnos a comprar un libro que muerde?

Harry, Ron, Hermione y yo fuimos los últimos en dejar de aplaudir, cuando el profesor Dumbledore volvió a hablar, vi que Hagrid se secaba los ojos con el mantel.

- Bien, creo que ya he dicho todo lo importante ¡Que comience el banquete!
Las fuentes doradas y las copas que tenían delante se llenaron de pronto de comida y bebida.

Finalmente, cuando los últimos bocados de tarta de calabaza desaparecieron de las bandejas doradas, Dumbledore anunció que era hora de que todos fuéramos a dormir, pero yo fui a alcanzar a Harry y a los demás para felicitar a Hagrid.

- ¡Felicidades Hagrid! - gritó Hermione muy alegre, cuando llegamos a la mesa de los profesores.

- Todo ha sido gracias a ustedes cuatro - dijo mientras nos miraba, secando su cara brillante en la servilleta - No puedo creerlo... Un gran tipo, Dumbledore... Vino derecho a mi cabaña después de que el profesor Kettleburn dijera que ya no podía más. Es lo que siempre había querido.

Embargado de emoción, ocultó la cara en la servilleta y la profesora McGonagall nos hizo retirarnos.

- Bien, ahora si podemos darnos la bienvenida – solté una risa - ¿Cómo te la has pasado Hermione?

- Excelente Abi - me abrazó - ¿Cómo has estado?

- Muy bien ¿y tú? ¡Ah! ¿y tú que tal? hermano de las copias. – dije con una sonrisa.

- Bien gracias. – respondió Hermione separándose de mí.

- ¡Tengo nombre Abi! no soy “el hermano de las copias” – dijo Ron algo molesto, pero no me importo y lo abrace.

- Yo también te extrañé Ron.

- Odio admitirlo, pero yo también – esto provoco que soltara una pequeña risita.

- Bien Potter, ahora si podemos hablar – nos encontrábamos en un corredor solos los cuatro.

- Bueno es una larga historia, pero lo resumiré, porque es tarde y no quiero que nos regañen.

Después de que Harry me contara que fue atacado por un Dementor el causante de que se desmayara, como el profesor Lupin lo salvara, y también que el asesino Sirius Black lo perseguía, que fue lo que más me preocupo, me dispuse a irme a las mazmorras.

Pensaba que la Sala Común estaría vacía y no me encontraría con nadie, pero me equivoque.

- Hola Lestrange

- Hola…




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