El vestido simplemente me queda horrendo. Aquel color lila me hace lucir aún más pálida de lo que soy y siento que me aprieta de una manera espeluznante. Me quedo mirando mi reflejo unos segundos antes de lanzarme a ver la conversación de mi celular, con la esperanza en mi puño.
¿Qué harás mañana por la tarde?
>Nada importante, ¿por qué?
¿Quieres venir a la fiesta que le harán a mi hermano?
>¿No será problema que esté ahí?
No, para nada.
Y no darán hot dogs, es la mejor parte.
Te pasaría la dirección, pero creo que Elizabeth ya te la pasó.
Observo por última vez las dos flechas azules en la esquina inferior de mi mensaje y aviento en celular a la cama antes de llevarme las manos a la frente. Inhalo y exhalo aire por la boca antes de poner ambas manos en mi cintura y concentrar toda mi atención en el otro vestido extendido en la cama.
El día está soleado, los pájaros cantan y las piernas me tiemblan al pensar que tengo que arreglarme antes de que llegue Josh y la sorpresa se arruine. Mi mamá anda de arriba abajo preparando la comida y yo sólo estoy en mi cuarto intentando recomponerme después de inflar cientos de globos para adornar la sala, el comer y el patio trasero. Chad y Dustin sólo acomodaron las sillas y las mesas en el jardín; mi papá ha ido al supermercado a buscar lo último que se necesite.
Resoplo y el mechón mojado de mi mejilla baila unos segundos en el aire. La puerta de mi habitación se abre y doy un pequeño brinco por la impresión. Mamá asoma la cabeza y aprieto los labios cuando noto su aspecto: está en bata de baño, tiene unos tubos en el cabello y por alguna extraña razón trae un recipiente grande con carne.
—¿Todavía no te arreglas, cariño?—su voz es tranquila, pero en sus ojos noto la urgencia porque esté lista.
Todo el día ha pasado haciendo de comer y me sorprende que se haya salido de la cocina aunque sea para regañarme.
—Tú tampoco estás lista—apunto.
—No me falta mucho para estarlo—responde—¿Compraste el regalo de Josh?
—Sí, mamá, ya lo dejé en la mesa con los demás regalos.
—¿Qué compraste?
—Una playera, ¿qué más podría regalarle?—digo—no tengo dinero para darle algo mejor.
—Era sólo curiosidad—suspira—. En fin, ¿vendrá tu amigo?
Noto que hace demasiado énfasis en la palabra "amigo", pero no digo nada. Después de hacerle la curiosa pregunta a mi madres sobre sí podía invitar a alguien, parece que no se ha sacado de la cabeza que quizá Michael es cosa del pasado y que yo voy ganando en esta vida. Por millonésima más, dudo mucho que vaya ganando.
Ruedo los ojos y chasqueo la lengua, intentando fingir demasiado desinterés cuando respondo:
—No tengo idea, sólo lo invité por cortesía.
Sí, claro, me dice mi mente.
—Elizabeth no vendrá, ¿cierto?
Niego con la cabeza.
—Salió todo el fin de semana con su familia.
No tengo idea de si eso es cierto, pero no tenía otra excusa en mente. Mi madre aún no sabe que Elizabeth y yo tenemos un rato sin hablarnos y no creo que sea un buen día para mencionar que quizá no vendrá en un largo, largo tiempo. Así que sólo opto por mentir para no dar muchas explicaciones.
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El viaje de Gres
Teen Fiction-¿Crees en el destino?-atinó a preguntar el chico. Tenía una mirada tan curiosa y llena de intriga, pero ella no lo notó, sólo observó la vista frente a ella, pues era algo que tenía que guardar en su mente para siempre; quizá era la última y única...
