- Valeria -
Seguía sin asimilar todo lo que estaba sucediendo en mi cuarto en aquello instantes, una madre que había podido recapacitar desde hace ya unos meses sobre mi futuro (aunque fuera y sea mi decisión) y un padre que renunciaba a su papel si atravesaba esa puerta, ¿de verdad merecía la pena dejarlo todo e irme por Europa?, ¿o debería de seguir las "recomendaciones" de mi familia en todo este tema?, santo Dios, qué difícil es hacerse mayor, tantas responsabilidades y un peso mental inmenso que te acompaña día a día
- ¿Y bien? - dijo mi padre cruzándose de brazos en la habitación
Valeria, hazlo, que se joda todo esto, escribe tu propia historia que haga temblar a todo aquel que la lea, sé valiente y demuestra ese valor tan esencial que hay que tener en los sueños
- Mamá, gracias por haber criado a una niña tan responsable y atrevida - le dije mientras corría a darle un beso en la frente a la vez que llevaba mi pequeña maleta en la mano
- Valeria, ¡detente!
Siempre había sido muy pésima en Educación física, pero la carrera que hice desde mi cuarto hasta la puerta principal, la sentí como si estuviera en los juegos Olímpicos. La sensación de que si en algún momento en el que huyes tu padre puede cogerte y estropearte todos los sueños, te motiva y a la vez te entra un escalofrío por todo tu cuerpo que hace motivarte más a impulsarte a ese ansioso sueño. Alcancé la entrada después de mucha motivación y la cara de Olga al verme directo hacia el coche era estupefacta
- ¡Arranca!
- ¿¡Valeria qué ha pasado?!
- Que aceleres joder, viene a por mí
No tuve tiempo a agarrarme a el asiento del coche cuando Olga aceleró como si estuviera en alguna carrera ilegal de coches, la verdad que era de las pocas personas que conozco que saben conducir de una manera digamos... bruta
- Agárrate - dijo Olga haciendo un movimiento muy rápido con el freno de mano
Olga, ya no sirve de nada, el pequeño susto al acelerar ya me lo he dado
- Está bien, ahora me vas a detallar el porqué tu padre te estaba persiguiendo en plena calle como si se hubiera escapado de un psiquiatra
- Puf, ¿Cuánto se tarda hasta el aeropuerto?
- No sé, media hora creo, no más - resopla mirando la hora en la radio - ¿tanto la has liado esta vez?
- No, no he hecho nada malo ahora
- ¿Entonces?
- Pues - tragué saliva mirando por el retrovisor de mi ventana - nunca hay que dejar a medias las metas que queremos lograr en la vida
Mientras Olga se quejaba de mis frases filosóficas, saqué mi teléfono móvil de mis pantalones y comprobé que mi padre me había mandado un WhatsApp, cosa que me pareció extraña, ya que suponía que iba a estar enfadado conmigo
- Valeria, esta ya no es tu casa, y como ya te dije, para mi has muerto. Hasta siempre
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Aquello que dejamos a medias
Lãng mạnA día de hoy, entendemos perfectamente que las estrellas son pequeños destellos de luces que nacen en un precioso cielo nocturno. ¿Pero qué pasaría si dichas constelaciones fueran personas?, desde un amigo íntimo de la infancia a alguien completamen...