Capítulo 17

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Valeria


Regresamos al hotel no demasiado tarde, pues, Olga me había comentado que a la mañana siguiente aunque no asistiría con ese chico..., Tyler, a dar un paseo por las calles de París, me ofrecí a la buena propuesta que hizo sobre conocer un poco mejor la ciudad.

Ellas dos se acostaron y dormían plácidamente, yo en cambio, no dejaba de dar vueltas en el colchón sin poder pegar ojo. No dejaba de recordar esas escenas que perturban mi cabeza cada vez que se manifiestan en mí y no me dejan tranquila, yo les llamo "los demonios del pasado", y aunque no sepa a día de hoy nada de ellos, me dejaron muy frágil e indigente a la hora de enfrentarme al mundo, porque, recordar todo hace que entre en un ataque de ansiedad terrible del que me cuesta mucho espabilar.

Y me estaba sucediendo.

Me recorrían las primeras lágrimas por mi cálido rostro, y sabía que debía de volver a hacerlo. Hace unos diez años aproximadamente asistí por primera vez a un psicólogo, y se fue convirtiendo poco a poco en alguien cercano y muy confidente. Para algunas personas es alguien que solo se dedica a curar y aconsejar a los locos, pero creo que esa definición es muy errónea. Él hizo que yo saliera adelante, hizo que volviera a creer en mí y aprendiera a valorarme. Pero desde que dejé la secundaria y me centré en mis objetivos, pensaba que no lo necesitaría; y fue el mayor error de mi vida.

Las lágrimas aumentaron, y con ellas, un pequeño llanto no tan fuerte.

Me dirigí al baño con las esperanzas rotas y con odio... mucho odio e impotencia, me arrodillé frente al inodoro y comencé a hacer tal acto que liberaba una presión constante en mi interior que hacía que volviera a sentirme bien conmigo misma. Introduje los dedos en mi boca y conté hasta cinco.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Y ocurrió, ese peso mental que llevaba conmigo constantemente se esfumó de mi interior de una manera muy asquerosa, pero que merecía la pena para poder seguir viendo mi cuerpo ideal y perfecto que siempre he querido mantener. Me entraron muchísimas ganas de seguir, mis dedos no dejaban de introducirse cada vez un poco más en el interior de mi garganta para expulsarlo todo y que no quedara nada. Sin dejar de llorar por la impotencia que me originaba aquella situación, "los demonios de mi interior" volvían a mi mente y de la peor manera: como si estuviera de nuevo en aquella prisión. Pero entonces, mientras asimilaba que sería una noche muy larga y complicada, sentí como me apartaban del inodoro y juntándome contra su pecho. Empezamos a llorar las dos en medio del baño, mis manos echadas hacia un lado sin fuerzas apenas; y su cuerpo pegándose al mío, como si todo el mundo se paralizara en aquel instante.

—Eres una luchadora, y yo voy a estar siempre aquí para cogerte cada vez que sientas que te caes.

Era la única capaz de calmarme, la única que tenía el poder de relajarme entre sus brazos. Pues un abrazo de una de las personas que más amas es el acto de amor más simbólico e íntimo que existe en el mundo.

—Vamos a dormir, mañana será un día largo. Necesitas estar descansada.

¿Qué te ocurre, Valeria?


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No tenía previsto dar este giro a la historia, y creo que adapta las medidas adecuadas para que la historia siga el camino que me gustaría mucho que siguiera </3.


David


Aquello que dejamos a mediasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora