- Tyler -
Era preciosa, lo admito. Sus ojos hacían que despertara en mí un nuevo universo, como si todo lo roto que estás, se recompusiera de nuevo y de la manera más sencilla del mundo. Soy un hombre de palabra, y como bien le he prometido, mañana a las 12:00 estaré justo enfrente de aquel peculiar museo en forma de pirámide de cristal. Ahora había algo que me generaba mucha inseguridad: ¿Estará Valeria mañana a esa hora en dicho lugar?
Salí del aeropuerto para intentar llegar lo más antes posible a la ciudad, aproveché una excursión de personas mayores en un autobús para viajar gratis. El conductor estaba de espaldas a la puerta principal del vehículo, lo que me dio la posibilidad de entrar sin levantar sospecha alguna; me dirigía hacia el final del todo para poder encontrar algún sitio libre, mi guitarra golpeaba la mayoría de los asientos y estos me miraban con rostros extrañados.
Querido Tyler, eres la única persona del autobús con veinticuatro años, normal que llames la atención.
Encontré un sitio libre al lado de una señora mayor, juraría que apenas se percató que me senté al lado suya, pues estaba muy entretenida jugando a un peculiar juego en su teléfono móvil que se basaba en unir dulces y chocolates para poder pasar al siguiente nivel. Coloqué mi maleta en la parte superior del asiento y mi guitarra.
—Hola querido— me dijo la señora, tenía el pelo azul fuerte y unos ojos grises muy bonitos—, con ganas de visitar una de las ciudades más bonitas del mundo, ¿no?
—En efecto, señora, estoy muy entusiasmado.
—Por Dios, me haces sentir mayor diciéndome "señora". Me llamo Francisca, pero mis amigos me llaman Paqui.
—Un gusto, Francisca.
La mujer me miró levantándome una ceja de una manera muy graciosa, había captado perfectamente su mensaje.
—Perdón. Un gusto, Paqui.
— Veo que ahora si lo has pillado —dijo guardando su móvil en el abrigo—. Nos queda una hora juraría yo para llegar a París, y vas a ser mi única compañía.
— ¿Ha venido sola?
— Bueno... en verdad he venido con mi marido.
— Pues disculpe, he ocupado este sitio sin saberlo, perdón por las molestias.
Francisca me agarró con la mano para que evitara irme, la ventanilla de al lado suya hizo que sus ojos se mostraran mucho más bonitos de lo que en realidad eran, se incorporó en el asiento, y empezó a narrarme el motivo de su viaje:
— Paco murió hace ya siete años... él siempre deseaba hacer este viaje, pero bueno, como podrás comprender y ver, físicamente no puede hacerlo. Pero sé que desde el primer momento que puse un pie en el avión, él iba a estar conmigo en todo momento, noto su espíritu siempre protegiéndome, y ahora más.
— Lo siento mucho... Paqui.
— No te preocupes, no hay que estar triste. Todo lo contrario, querido, tengo que estar feliz y entusiasmada, este siempre fue su sueño desde que éramos dos jóvenes.
—Tiene que estar muy orgulloso su marido al haberse casado con alguien tan leal y comprometida como usted— dije acomodándome de nuevo en el asiento— ¡Y que después me digan que el amor verdadero no existe!
—Llevas razón, querido... el que siempre niega eso es porque su corazón perteneció a alguien que no debía, y lo destrozó de la manera más terrible.
Empecé a viajar en mi memoria recordando los múltiples momentos "buenos" que había mantenido con Emma durante tanto tiempo. Tan asqueroso y... ¿bonito?, a la vez.
El conductor del autobús regresó a su asiento y yo encogí mi cabeza un poco, acción que saltaron las dudas de aquella señora tan agradable.
—Algo me dice que en teoría no deberías de estar aquí.
— ¿Me va a delatar?
— ¡Válgame Dios, hijo! — Se hizo la señal de la cruz y se besó el dedo—, hay que ser un poco bondadoso en la vida, ponerse en el cuerpo del otro en estas circunstancias.
Estuvimos hablando durante todo el trayecto sobre nuestro pasado y mi motivo de mi visita a París. Paqui me explicó muy bien un poco sobre la vida de Napoleón Bonaparte, la época del terror en Francia, la prisión de la Bastilla que los franceses tomaron en símbolo de protesta, la reina María Antonieta, la isla Santa Elena... Sinceramente, era una mujer con una cultura muy amplia y conocimientos muy previos y excelentes sobre la historia contemporánea.
— Y esa tal Emma... es muy sinvergüenza, querido— dijo abriendo un caramelo de menta, para acto seguido, ofrecerme uno.
— No gracias.
— ¿Has sabido algo más de ella desde que tuviste ese encuentro tan desagradable en el aeropuerto?
Negué con la cabeza mirando hacia el suelo.
— Tyler...
— ¿Cómo supo mi nombre?
— Tu funda de la guitarra es muy bonita— dijo elevando su vista hacia el compartimiento de arriba.
Me reí, recordando el bordado de mi nombre en dicho objeto.
—Aunque tú le abrieras tu corazón al completo y decidieras brillar para ella, tomó la decisión de ser el eclipse que apagaría tu vida.
---------------------------------------------------------------------
No lo tenía previsto subir hoy, pero creo que cada capítulo que subo, más bonito se hace :)

ESTÁS LEYENDO
Aquello que dejamos a medias
RomanceA día de hoy, entendemos perfectamente que las estrellas son pequeños destellos de luces que nacen en un precioso cielo nocturno. ¿Pero qué pasaría si dichas constelaciones fueran personas?, desde un amigo íntimo de la infancia a alguien completamen...