Valeria
Nunca supe cómo sería vivir al límite y con los ojos cerrados, con el mal sabor de boca de que algo me ha faltado por hacer o que no he podido llegar a cumplir por desgracia.
Visité a Héctor en el hospital, y para mi tranquilidad ya estaba muchísimo mejor después de todo lo que había pasado. Me comunicó que desgraciadamente tendría que pasar hoy aquí la noche en observación y que en unos días volverá todo a la normalidad. Tenía mucha esperanza y estaba muy seguro de sí mismo en lo que le decían los médicos en cuanto a su recuperación. Podría haber ido todo mucho peor. Muchísimo. Le llevé un pequeño ramo de flores para colocárselo en su cómoda que disponía en la habitación. Su madre, Ángela, se tomó unos días libres junto a su hijo en Ámsterdam explicando todo lo sucedido a la compañía aérea. Fue ella la que me dijo con una pequeña sonrisa lo siguiente:
—Querida mía —me dijo agarrándome del brazo cuando me vio entrar en la habitación de Tyler del hospital—, justo tenía que llamarte para algo importante.
Mi rostro fue confuso un poco, pero me olía perfectamente que la noticia que me iba a dar era que volvía con mi familia para pasar la Navidad y la cena de esta noche.
—¿Cómo está él? —dije desviando la mirada a Héctor, que se encontraba con los ojos entreabiertos mientras un cable se teñía de oscuro con su sangre.
—Está recuperándose... Ha sido un gran susto que podría haber acabado en una desgracia muy grande.
Agaché la cabeza, dando a entender que ambas podríamos haber perdido la vida en aquel vuelo. Éramos noticia en todos los medios de comunicación y no me quería ni imaginar cómo tendría que estar mi madre de preocupada al ver el nombre de mi compañía en la televisión junto a mi padre.
—Pero oye —dijo Ángela elevándome la cabeza mientras me veía derramar un par de lágrimas y sosteniéndome el ramo de flores—, estamos bien. Estás bien. Estamos vivos, y sólo hay que darle gracias a Dios de esto.
Aunque no fuese la más creyente del mundo entero, asentí.
—Creía que iba a morir —dije mientras mi voz se entrecortaba.
—Yo también, querida.
La voz de Héctor hizo que mirásemos hacia él cuando le dijo a su madre que dejasen de llorar, que todavía no había muerto y las enfermeras iban a pensar otra cosa.
—Díselo ya, mamá.
—Llevas razón. Justo te tenía que avisar para comunicarte que después de un par de llamadas he podido lograr que estés en casa con tus padres para pasar esta fiesta. No sé si mi hijo te contó lo que tenía pensado organizado la compañía el día 31 por la noche.
Me entristecí de nuevo cuando esas frases salieron de sus labios. Me abalancé a sus brazos y no pude dejar de agradecerle aquello.
—Me dijo algo en relación con una fiesta..., ¿no, Héctor? —dije súper feliz.
Asintió desde la cama mientras dos almohadas acomodaban su cabeza.
—Sí, será en el Hotel Riu, situado en Madrid. Sé que te pilla un poco lejos de lo que viene siendo tu hogar allí en Cataluña..., pero ya decides tú lo que quieres hacer... ¿En principio cuento contigo? —dijo sentándose al lado de su hijo.
—Sí, claro. Ya me las arreglo para llegar a Madrid, pero me encantaría vivir una Nochevieja con todos mis compañeros de la aerolínea y con vosotros.
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Aquello que dejamos a medias
RomanceA día de hoy, entendemos perfectamente que las estrellas son pequeños destellos de luces que nacen en un precioso cielo nocturno. ¿Pero qué pasaría si dichas constelaciones fueran personas?, desde un amigo íntimo de la infancia a alguien completamen...