Valeria
El alboroto de tanta multitud de personas corriendo de un lado hacia otro hizo crearme un escenario abrumador y agobiante en todo mí ser, queriendo salir lo más rápido de allí. Segundos después, como si de un destello de una estrella fugaz se tratase, Tyler cogió mi brazo y me puso su mano en mi pecho haciendo que nuestros cuerpos se juntaran contra aquella impecable pared transluciente. Acto seguido, miles de turistas de todas las edades pasaban ante nosotros con una actitud eufórica hacia la salida más cercana cuando escucharon aquel sonido insoportable e irritante de la alarma de incendios.
— ¿¡Se puede saber qué diablos acabas de hacer!? —dije abriendo los ojos como platos y alzando la voz lo máximo que podía, mientras que Tyler a lo único que se dedicaba era a taparse sus oídos y a sonreír sin parar—, ¡podemos meternos en un lío grandísimo!
—Si sigues gritando como si fueras una desequilibrada mental, pues, probablemente se percaten de todo —puso los ojos en blanco—, además, rubia, me lo vas a acabar agradeciendo.
— ¿El irme de aquí contra antes?, pues si, sinceramente, mi objetivo es no acabar aplastada por toda esta muchedumbre, ni el Black Friday concentra a tanta gente correteando de allí para allá.
Nunca supuse que una frase podría identificar tan detalladamente la escena en la que me encontraba: después de la tormenta, llega la calma. Y solo hizo falta el sonido de un par de alarmas y un poco de agua de los dispensadores que se encontraban en la parte superior de la respectiva sala de "La Gioconda" para espantar a todas las personas que anteriormente se encontraban ahí. Tyler y yo caminamos despacio y sin ninguna preocupación hacia la vitrina de esta famosa obra para por fin, admirarla desde cerca. Ni acercándote lo máximo que puedas va a aumentar de tamaño, ya que, sus dimensiones siempre van a ser así de pequeñas, y la impresión para cualquier turista siempre va a ser la del asombro.
—Es...
—Inigualable —terminó diciendo él, sacudiéndose la ropa mojada.
—Desde pequeña he soñado con tener este momento.
—Pues mira, ya lo estás viviendo.
—No siento como si lo estuviera logrando.
— ¿Y eso? —dijo golpeándome el brazo y pellizcándolo—.
— ¡Ay!, joder, que despierta estoy, como para no estarlo después de esta... ¿lluvia?, sí, supongo que se puede calificar como tal.
—Nunca despiertes. Sigue soñando, Valeria. La vida sin los escenarios imaginarios que nos impulsan a lograr cosas bonitas, sería una amargura.
Tomé un par de fotos —aún temblando al tener a una de las obras más famosas del planeta cara a cara—, y nos dirigimos lo más rápido posible hacia una de las respectivas salidas de emergencia que el museo disponía.
El frío parisino nos golpea, y con este, un ambiente más animado al ser ya mediodía.
—Podemos decir pues, que has cumplido ya dos de tus sueños en esta vida, ¿no?
—Esto..., sí, claro: volar por el cielo en avión y visitar el museo del Louvre —dije alzando mi vista hacia el despejado cielo azul—. Pero todavía me quedan muchos por cumplir, sueños que ni conoces.
—Y ni quiero saberlos —dijo con una actitud autoritaria e imperativa—, me refiero que, no quiero conocerlos ahora, saber todas las cosas bonitas que guarda esa misteriosa mente tan rápido no está en mis planes —sonrió, y he de decir que era de anuncio de dentista completamente. Perfecta—.
Estuvimos deambulando por calles muy transitorias para seguir visitando puntos muy importantes en toda la ciudad. Llegamos a una que disponía de tiendas por todo el lateral de mi acera, me recordaba mucho a Gran Vía, en Madrid, pero muchísimo más grande. Tyler se paró de freno en un restaurante que le llamó muchísimo la atención para almorzar los dos juntos ahí: Belle France. Nos acomodaron en el interior de esta porque permanecer en la terraza consistía en morir de una forma peor que en Titanic.
Una camarera con una gran sonrisa amigable se presentó ante nosotros con dos menús del día en la mano, era de una estatura de más o menos un metro sesenta y cinco, con el pelo castaño y una pequeña tarjeta de identificación que ponía "Dayara".
—Bienvenidos al mejor restaurante que tiene París, y no, no es el de Ratatouille. Disney intentó hacernos competencia pero no pudo con nosotros —dijo como si no fuera la primera vez que emitía aquella graciosa frase—. Díganme, ¿qué desean tomar?
La mirada se me perdía en aquellos platos descritos en francés, Tyler estaba más perdido que yo leyendo la carta, resaltaba un poco que no entendía apenas nada de lo que ponía ahí por las miradas de confusión que expresaba a medida que se acariciaba su mentón. Finalmente, la cerró y sin saber ya como actuar dijo:
— ¿Pasta tenéis?
— ¡Por supuesto, señor!
Me lanzó una mirada pícara mientras le entregaba la carta a la chica, dándome a indicar que no me preocupase en buscar más platos, porque él tenía la iniciativa y una pequeña voz interior que le decía: "Tyler, seguro que le gusta la pasta, no hay por qué agobiarse en buscar otro plato". Era tan gracioso y confuso a la vez, porque, ¿cómo era capaz de saber mis gustos si apenas le ha dado tiempo a conocerme a profundidad? Soy como una rosa en invierno cuando intento abrirme con la gente, como una avispa en una nueva flor que se dispone a polinizar.
—Para mí una lasaña —dijo reposando sus manos en la mesa, colocando correctamente los cubiertos envueltos en la servilleta—, ¿y tú, Valeria?
—Pasta carbonara —dije explotando la burbuja en la que me había introducido pensando en el primer momento que la mirada verde de Tyler se entrelazó con la mía en el aeropuerto—.
Era un hecho irrefutable mi afecto hacia aquel maravilloso plato, ya que, me acuerdo perfectamente cuando mi madre solía preparármelo cuando llegaba de las clases y corría como una loca hacia la mesa del comedor.
Mi madre. Necesito llamarla. Me va a matar
En aquel instante, una pareja de dos hombres no paraban de reír a carcajadas en la mesa de al lado. Lo estaban dejando todo perdido, pero la risa de aquel chico castaño con rizos y de aquel rubio eran muy contagiosas. Hacían tonterías como si llevaran permaneciendo una amistad de toda la vida, y no, no eran novios por aquel tan caracterizado carácter que tenían hablando el uno con el otro.
— Joder, Iker. Mira como me estas llenando de lasaña, gilipollas.
— Tienes menos sangre que un choco, Martín. Diviértete un poco, no te vendría nada mal.
El chico del pelo rubio levanta la vista ante este de una manera muy pesada y de cansancio, como si estuviera cuidando a su sobrino mientras sus padres salen a cenar un viernes por la noche. Y es que, a veces el trabajo de un policía resulta ser más complicado de lo normal. Martín no llevaba mucho tiempo siéndolo, pero para haber resuelto su primer caso de homicidio en un internado en la capital de su país natal, le resultaba el trabajo restante que hacía muy llevadero y sencillo porque, resulta totalmente un reto Desenmascarar el pasado para poder seguir llevando las riendas de nuestras vidas de la mejor forma posible.
— Lo que no me vendría para nada mal es tener unas buenas vacaciones por el Caribe mensualmente, sería entonces cuando no me verías así con "tan poca sangre" como bien dices —dijo Martín, pasándose las manos por el rostro de una manera muy cansada y abrumadora.
La mirada de aquel chico se cruzó con la mía en un momento inesperado. Cabe decir que físicamente era muy atractivo, pero me di cuenta que no tanto como lo era Tyler. Permaneció mirándome durante un rato bien grande, echándome una ojeada de arriba a abajo desde el otro lado de la mesa. Tenía la sensación de que lo conocía de algo, pero no estaba segura de qué. Fue un momento de tensión y nervios que no sabía como afrontarlo, era como si nuestras vidas tuvieran algo o a alguien en común, como si fuéramos un déjà vu que teníamos en conjunto. Volví mi vista hacia la persona que permanecía en frente de mí y se dispuso sacar un tema de conversación un poco delicado para mi vida personal:
— Bueno, Valeria, ¿has tenido pareja alguna vez?
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Aquello que dejamos a medias
RomanceA día de hoy, entendemos perfectamente que las estrellas son pequeños destellos de luces que nacen en un precioso cielo nocturno. ¿Pero qué pasaría si dichas constelaciones fueran personas?, desde un amigo íntimo de la infancia a alguien completamen...