Capítulo 15

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Tyler


El ambiente en París era de otra manera muy diferente a la que yo siempre había imaginado. El sol iluminando todas y cada una de las calles que envolvían aquella preciosa capital francesa, sus ciudadanos con prisas para un lado y otro, miles de pintores en muchas esquinas retratando la vida cotidiana que sucedía allí, en esa preciosa ciudad, en ese corazón europeo.

­—Es muchísimo más grande de lo que me imaginaba— dijo la señora del asiento de al lado, Paqui. Que en las horas que duró el viaje desde el aeropuerto hacia la ciudad, me relató prácticamente su vida entera.

Me incorporé al levantarme y prepararme para abandonar el autobús, ya que debía de escabullirme lo antes posible para que el conductor no me viera.

—Supongo que te tendrás que marchar lo antes posible, ¿verdad, Tyler? — me dijo sin apartar la mirada del cristal.

—Sí— dije con un tono un poco angustiado. Esa mujer era una de las personas más valiente que había conocido en mi vida: viajaba completamente sola, iba a conocer la ciudad por su propia voluntad, y lo más impactante; que lo hacía por amor—. Él estaría muy orgullo de ti, Paqui. Ha tenido mucha suerte al encontrarte.

—No hables en pasado. El amor verdadero persiste en las personas hasta el fin de los tiempos, y te das cuenta porque, aunque no haya sido correspondido o se deshizo como las cenizas después del fuego, sigues recordándolo con una lágrima y una sonrisa nerviosa en tu pequeño rostro. Y para mí, mi marido siempre va a caminar de la mano conmigo.

—Voy a echarla mucho de menos, he aprendido más lecciones de vida en apenas unas horas que a lo largo de toda mi existencia.

—Y recuerda esto, pequeño. Si alguna vez decides llevar al altar a la persona que ha puesto tu mundo patas arriba, ignora las típicas palabras del sacerdote: "prometes cuidarla en la salud y en la enfermedad". Pues está mal dicho si te pones a pensarlo, si la has amado hasta el último suspiro como hizo mí marido, Paco, no dudas ni un momento en hacer lo imposible para que los recuerdos y vivezas sigan en el lado más bonito de tu corazón.

Y con esas últimas palabras de aquella señora, aproveché la oportunidad que tuve cuando el conductor se detuvo en un establecimiento de comida rápida para salir corriendo, agarré la maleta de mano y mi guitarra para emprender rumbo a conocer aquella despampanante ciudad. La gente se percató de mi gran carrera que hice por el interior del vehículo, y se sorprendieron muchísimo. Al bajarme, me detuve en la acera, despidiéndome de la señora desde el exterior, y en ese preciosa momento mientras percibí un delicioso aroma a croissant recién hecho; me paré a reflexionar sobre el amor y sus consecuencias, que a la suerte de esta señora, había sido lo mejor que le había ocurrido nunca.

Fui en busca de algún alojamiento para pasar la noche, y encontré uno perfecto justo por al lado de la catedral de París, Notre Dame. Me atendieron con ese acento tan característico que poseían los residentes, y que a mi suerte, lo dominaba... bueno, más o menos. Cuando salí del hotel, me dispuse a conocer la ciudad, por entretenimiento sobretodo (y acompañado de mí querida guitarra, claramente). Caminé en dirección a la catedral, ya que era el primer lugar que tenía más cercanía respectiva al hotel, y he de decir que era majestuosa. Tenía tres niveles de altura: el primero, el intermedio y el superior. Sus dos características torres, y en la parte baja de estas, la galería de las gárgolas. Un gran rosetón de forma circular que cuando los rayos del sol hacían acto de presencia en esta, iluminaba el interior de la catedral de una manera preciosa, azulejos que transmitían admiración por el arte gótico.

El ambiente en la plaza era como la happy hour en Londres (cócteles y cervezas a un precio muy económico a mi parecer). Niños correteando de un lado hacia otro, muchos turistas al igual que yo contemplando el monumento, y múltiples terrazas de restaurantes.

Al observar que era un sitio muy peatonal y famoso, me dispuse a hacer lo que nunca se me había pasado por la cabeza hacer, con la funda de la guitarra en la mano, fui hacia una esquina de Notre Dame y me dispuse a tocar algo, una canción que transmitiera mis sensaciones y sentimientos en ese preciso momento.

Con un pequeño grupo de personas enfrente de mí, expectantes a ver que iba a tocar, me decanté por una canción en particular que siempre me había llenado de emociones.

Se trata de Not About Angels, de Birdy. Que con cada estrofa interpretada con su piano, hacía que mi corazón se tensara y siguiera las pulsaciones al mismo ritmo que iba la canción. Me había desafiado a mí mismo hacerlo por primera vez y de la manera más loca: sin haber ensayado. Pero parece ser, que esa pequeña acumulación de personas, poco a poco fue creciendo y me arrojaban muchas monedas de manera simultánea, les gustaba, les gustaba la manera en la que mi corazón hablaba.

Cuando la gente dejó de aplaudirme, me percaté que me había llegado una notificación a mi teléfono móvil. Me tensé. El mundo se nubló. Otra vez los latidos rápidos en el corazón.

Arritmias, te odio.


Número desconocido: París, Londres, Rusia, España... Te encontraré sea donde sea, hermanito.


Me senté apoyando mi espalda contra la catedral, Respira. Contrólate. Cierra los ojos. Todo va a salir bien. Harrison no te va a hacer nada.


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Creo que ya era hora de revelar esta segunda trama que a muchos os tenía impacientes. En efecto, Harrison Lee es el hermano de Tyler, pero ya contaré más en adelante el por qué estas persecuciones y temores :)


David

Aquello que dejamos a mediasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora