Valeria
Volví adentro de la habitación al dedicarme unos minutos a tomar un poco de aire, o más bien: pensando e intentando imaginarme qué estaría haciendo aquel chico del pelo rapado en aquel preciso momento. Al recorrer toda la habitación en busca de una italiana y de una española que comparten un poco la misma locura, me topé una escena un poco graciosa en el baño de la habitación del hotel. Es increíble lo sociable y la manera tan sencilla que ha tenido Anna de acercarse a nosotras.
—Por Dios, Anna, cariño— Olga apartó un mechón de su largo pelo pelirrojo de su cara—. Parece que no has posado en tu vida, querida.
—Ma che ne dici ragazza adottiva!
—Esto... tus muertos por sí acaso— dijo con la boca abierta intentando traducir lo que había dicho la chica italiana.
— ¡Olga, por favor, compórtate!
— Es ella, que me hable en español, que yo ahí ya no me manejo—soltó una risa sin dejar de mirar a Anna, mientras esta permanecía inmóvil aguantándose la risa. Hasta que no pudo más y estalló a carcajadas.
—Lo ves, Valeria, la torre Pisa esta se está descojonando de mí y yo aquí sin saberlo— dijo reprochando—, repítelo, venga, que te saco el traductor de Google y se te caen las bragas.
—No era mi intención enfadarte en ningún momento, piccolo.
—A ver, no quiero sonar borde— dijo apoyándose en el lavabo de aquel típico baño de hotel—, pero te conozco de hace apenas unas horas, así que, es muy difícil que pueda llegar a cabrearme contigo. A lo mejor, dentro de una hora te estampo aquel jarrón de la mesa en la cabeza— señaló dicho objeto, con una risa pícara, obviamente de broma.
—Olga, por Dios, la vas a asustar con tanta violencia— dije sujetando del hombre de Anna.
—Pero si sabe perfectamente que estoy bromeando... ¿verdad?
—En efecto, Olga.
— ¿Lo ves?, buen rollo, Valeria.
En aquel preciso momento, Olga se dispuso a lavarse las manos después de todo lo sucedido, estuvimos en un silencio muy incómodo durante diez segundos aproximadamente, Anna estuvo descubriendo lo que contenía cada uno de los muebles en el interior del no tan grande cuarto de baño. En ese momento, a mi mejor amiga se le cruzaron los cables de la manera más divertida posible:
—Esto por tus frases intraducibles— dijo con las manos llenas de agua arrojándosela a Anna. La empapó totalmente... y por supuesto, yo no salí indefensa de aquella graciosa batalla acuática.
—Te vas a enterar, ¡Vas a estar vomitando agua durante una semana entera, Olga!
Cuando menos nos dimos cuenta, el baño estaba empapado, y nosotras... bueno, nos podríamos poner fácilmente dicho adjetivo también. Después de todo, es lo que más me hacía falta en aquellos instantes: risas y carcajadas en una de las ciudades más bonitas de Europa.
—Valeria...— dijo Anna dando por finalizada la batalla.
— ¿Qué te ocurre?
—Nos hemos empapado el uniforme...
Perfecto, el primer día y ya nos estamos estropeando el atuendo de nuestro trabajo.
— No pasa nada, tenemos ropa suficiente en nuestros equipamientos de mano, ¿No es así? — preguntó Olga.
—Sí, pero si pedimos a las señoras de limpieza del hotel que nos la laven... esperemos que para mañana las tengan, pues os recuerdo que cogemos otro vuelo pasado mañana.
—Oh Dios... la ropa.
— ¿Qué pasa, Valeria? — dijo Anna, levantando las cejas un poco preocupada.
—Yo... no tengo ropa para mañana.
—Para la cita con ese chico... ¿Cómo se llamaba?
—Tyler— respondió Olga.
—En verdad, no estoy segura en ir o no, es todo muy extraño.
—No te obligues a hacer algo en lo que no estés segura en si hacerlo o no— me dijo Anna, acariciando mi mejilla al verme un poco indecisa con mis posibles decisiones.
—Valeria, ni se te ocurra dejarle plantado. Ese tío ha tenido el valor de acercarse a ti y en pedirte mañana por la mañana ir a dar un paseo por una ciudad de película... nunca mejor dicho— me dijo por el otro lado Olga, secándose el pelo con una toalla.
Dos decisiones, una única se llevará a cabo. Es tu turno de elegir qué demonios vas a hacer de una vez, Valeria.
No lo tengo claro, joder.
—Valeria, por Dios, se coherente por una vez en tu triste vida— dijo tirando su toalla a un lado—. Sin ofender, claro.
Le dediqué a Anna una mirada que decía a gritos ayuda.
—Piensa siempre con el corazón en estas situaciones, tus emociones son el mejor portavoz ahora mismo.
—Vale... creo que no iré, todo esto suena a una locura magistral.
—Respetamos tu decisión, Valeria— me dijo Anna.
— ¡Y un cuerno!, Valeria, ¿Estás bromeando, verdad?
— No.
—Acabas de desperdiciar la oportunidad de tu vida, recuerda mis palabras
Y así fue como Olga se alejó de nosotras del cuarto de baño, Anna se encontraba defendiendo su respectiva opinión en el tema, y yo sentada sobre el inodoro me preguntaba si había hecho lo correcto o no.
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Aquello que dejamos a medias
RomanceA día de hoy, entendemos perfectamente que las estrellas son pequeños destellos de luces que nacen en un precioso cielo nocturno. ¿Pero qué pasaría si dichas constelaciones fueran personas?, desde un amigo íntimo de la infancia a alguien completamen...