Aquella noche dormí en el hospital a petición de Damiano. Tuve que hacerle caso, porque si no se iba a poner pesado.
Cuando me desperté lo encontré con la cabeza apoyada en mi camilla. Debería estar doliendo las espalda de una manera impresionante. Hasta a mi me dolía de nada mas verle.
Lo desperté moviéndolo, cosa que automáticamente hizo que se levantara.
Justo cuando se despertó, la puerta de la habitación se abrió de par en par. En ella vimos a mi tío Alessandro.
— Dios, Sofía cariño, perdóname por no contestarte. ¿Qué tal estás?
No tenía ni idea de cómo él sabía que estaba aquí, y mucho menos la habitación en la cual estaba.
— ¿Cómo sabias que estaba aquí y la habitación exacta? — Pregunté.
Señaló a Damiano.
— El chivato que tienes aquí, me envío un mensaje en cuanto te quedaste dormida, y he venido lo antes posible. También me he encargado de recoger tus papeles del alta, y del reposo que tendrás que hacer, ya que finalmente lo que tienes es una fisura.
Bueno, al menos no me había roto la pierna. Punto positivo.
— Vístete, y en casa hablamos como montaremos tu reposo, porque no podrás quedarte sola, por seguridad. — Dijo cerrando la puerta.
Damiano me paso mi ropa, y yo me tape con ella. Estaba esperando a que se diese la vuelta.
— ¿Me estás diciendo enserio, que no quieres que te vea desnuda?
Negué automáticamente.
— Pero si te he visto hasta el alma prácticamente.
Eso me provoco gracia, pero no era el momento, así que le lancé mi zapato para que se callase.
Fue tan pesado que acabó vistiéndome el. No acabamos pegándonos de milagro.
Mi tío me llevo a casa en su coche mientras Damiano iba en el suyo. Me comentó que mis padres estaban informados de todo lo que había pasado, y que intentarían enviarme algún mensaje para saber cómo estoy.
Con ayuda de las muletas que me dieron en el hospital entre a casa y me senté en el gran sofá del salón. A los minutos, apareció Damiano por ahí.
Mi tío se sentó y saco los papeles del médico.
— Aquí pone que tienes dos semanas y media de descanso, en las cuales tienes que tener alguien que esté pendiente de ti por si a caso. Yo no puedo quedarme porque sabes que siempre estoy de un lado a otro, pero Damiano puede, ya que estás dos semanas y media las tiene libres. — Dijo señalándolo.
Dos semanas y media con él en casa. Tenía que soportar su ligera arrogancia.
No me pude negar por la preocupación de mi tío y finalmente accedí. No me tocaba otra que soportarlo.
[...]
Aquel primer día de convivencia, lo insulté un par de veces más por ciertos comentarios, pero no fue tan malo como me imaginaba.
Le media noche acababa de caer y yo no era capaz de conciliar el sueño, estaba bastante incomoda y muerta de frio, mientras que en la habitación de al lado, Damiano dormía plácidamente.
No tuve más remedio que recurrir a él, aunque estuviese dormido. Fui a la habitación haciendo el menor ruido y cuando llegue me senté en el borde de la cama. Él dormía plácidamente con el pelo despeinado y la boca entre abierta. Me daba pena despertarlo, pero creo que necesitaba su compañía para dormir.
— Damiano. — Lo llame.
Él abrió sus ojos un poco y cuando me vio los abrió más.
— ¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien? — Preguntó alterado.
Yo asentí.
— Simplemente es que no puedo dormir, no paro de dar vueltas en la cama. ¿Puedo dormir contigo?
Me rasque la nuca y el tiro de mi mano.
— Duerme conmigo, si es lo que quieres.
Me acurruqué a su lado, y lo que menos me esperaba, es que me abrazase por la cintura. Sus manos y brazos me apretaban fuertemente contra su pecho, evitando que me moviese y me hiciese daño en cualquier caso.
Sonreí ante ese gesto. Creo que esta vez conseguí sacar su mejor versión como persona, y a lo mejor no era tan capullo como yo pensaba.
Esto demostraba que todo lo que había pasado hasta ahora había sido una puñetera coraza, quizás una defensa de su masculinidad, no sería el primer hombre que conozco con este defecto, sinceramente.Lo sentía relajado, y realmente cariñoso. Sus brazos se habían aferrado a mi como si de un peluche se tratase, y la sensación era realmente muy buena, digamos que me sentía protegida ante ese gesto. Además, también me sentía querida.
Paso un tiempo y en ese tiempo, el se movió bastante y hubo un momento en el cual encajó su cabeza en mi cuello. Su pelo rozaba con el, y su nariz también. Sentía su respiración en el cuello prácticamente, pero se notaba que él estaba bastante cómodo.
Lo mire un poco de reojo, y me morí de ternura, era una imagen monísima la que tenía justo delante mío.
— Sofía, deja de mirarme, que me intimidas. — Susurró.
Me pego tremendo susto por el cual di un bote y lo desperté bastante que digamos.
Me miro con la típica mirada de padre, básicamente, que me durmiese ya.
— Duerme, ¿vale? Te irá muy bien si te dignas a hacerme caso, pequeña cascarrabias. — Dijo mirándome a la cara.
Me volví a girar, y el seguía abrazándome, pero esta vez, me acariciaba el brazo de arriba hacha abajo, era como un tipo de masaje, el cual me estaba relajando muchísimo.
Sus manos eran muy suaves, y cualquiera que notara su tacto, me daría la razón. Aunque también, había que decir que las tenia congeladas, y a veces me daban escalofríos
Por otra parte, sabia que estaba mirando antes por mi que por el. Me estaba haciendo eso para que lograse dormirme de la manera mas relajante del mundo.
— Gracias, Damiano. — Susurre realmente bajo.
El beso mi cabeza y siguió haciendo lo que estaba haciendo. Yo no tarde mucho mas en dormirme.
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L'inciampo dell'amore // Damiano David
FanficMadrileña y artista. Esa es Sofía. Una joven de apenas veinte años que ha decidido mudarse a Roma para perseguir su sueño de ser artista. Nada más llegar a Roma, decide salir a descubrir sus calles, pero en un despiste choca con un elegante chico, e...