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Cuando Rosalie aparcó su coche frente al hogar de los Cullen, Killian se apresuró a bajar de éste con todas las bolsas de comida en sus manos. Algunas cosas quemaban, además de que también pesaban un poco, por lo que quería dejar todo en la cocina lo antes posible. A Rosalie no le dio tiempo a acercarse para ayudarlo cuando desapareció por la puerta principal. Emmett, por otro lado, cargaba los materiales escolares.

—¿Está mejor? —preguntó Esme junto a la puerta.

Rosalie y Emmett caminaron hacia el interior junto a ella.

—No lo creo. Dio varios pasos vagos mientras íbamos a comprar la comida, como si fuera a caerse —informó Rosalie.

Esme suspiró.

—Este niño... —farfulló la vampiro.

Killian se encontraba en el interior de la casa, específicamente en la cocina sacando las pequeñas bandejas de comida que habían traído. Alice apareció desde la ventana, caminando con tranquilidad por encima de un grueso tronco musgoso. El humano la miró algo extrañado ante su forma de entrar, más Alice se limitó a sonreír y le preguntó si necesitaba ayuda alguna. Killian decidió callarse y no ser entrometido.

—Hemos traído comida así Esme evita cocinar hoy —le dijo—. ¿Me podrías decir dónde están los platos? Los vasos ya sé dónde están.

—Es muy lindo que hayáis pensado en Esme. Los platos están en el estante del centro, encima del fregadero. Deja que te ayudo a poner la mesa —se ofreció—. Carlisle está trabajando en el hospital y Edward está en casa de su novia, así que seremos nosotros cinco para almorzar.

—¿Edward tiene novia? —preguntó sin tiempo a detener sus palabras. Killian se congeló y en sus ojos se pudo ver el ligero miedo que llegó a sentir—. Lo siento, no quise preguntar eso. No es de mi incumbencia.

Alice rió.

—No seas tonto. Preguntar eso no le hará daño a nadie —aseguró ella—. Y sí, Edward tiene novia. Se llama Bella, la conocerás el primer día de clase. Creo que os podríais llegar a llevar bien.

Killian se limitó a asentir sin saber qué responder a lo que había dicho Alice. Agarró los platillos de comida y los fue colocando de manera ordenada encima de la mesa.

—Uh, necesito una olla para verter el caldo —pidió.

—Justo a tu derecha, en la parte de abajo, Killian.

El humano rebuscó en el lugar indicado y encontró una lo bastante adecuada para colocar en la mesa. Agarró el hornillo y lo colocó en el centro, colocó la olla y vertió el caldo en ella para que fuera calentándose.

—Iré a avisar a los demás —mencionó Alice, quien se encontró de frente con Rosalie que entraba en la cocina—. Oh, Rosalie, el almuerzo está listo. Iré a avisar a Emmett y Esme.

La rubia asintió y se adentró en la estancia.

—Huele incluso más delicioso aquí en casa que en el restaurante —dijo la fémina.

—Estoy de acuerdo, creo que es por el hambre.

Emmett apareció corriendo en la cocina, con una enorme sonrisa en el rostro y una notable imparable energía.

—¡Es hora de comer! ¡Es hora de comer! —repetía una y otra vez mientras caminaba a su sitio en la mesa.

—No grites, idiota —masculló Rosalie mientras Killian vertía agua en una jarra.

—Lo siento, amor —dijo—. Sólo intento disimular. Un mordisco más de comida humana que de y juro que vomitaré el venado que cené ayer.

—Esto huele delicioso —comentó Esme entrando a la cocina—, pero no tendríais que haberos molestado, me encanta cocinar para ustedes.

OJOS ROJOS; twilightHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora