059; lobo domesticado

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Killian se encontraba en la casa de Emily y Sam, sentado en una de las sillas mientras la manada le rodeaba y hablaban de cosas al azar mientras arrasaban con la comida que Emily había preparado. Jasper perro se encontraba durmiendo en una esquina, abriendo sus ojos de vez en cuando para asegurarse de que Killian aún seguía inmóvil en su lugar. El camino de ida había sido todo un reto, Paul habiendo tenido que ir a buscarle a mitad de camino porque Jasper seguía gruñendo y haciendo amagos de atacar.

—¡Eh, Jacob! —llamó Jared al cambia-formas. El aludido levantó la cabeza, un panecillo en su boca—. ¿Tu hermana está de vuelta, no?

Jacob bufó.

—Llegó hace unos días.

—¿Rachel? —preguntó Paul, curioso.

—No sabía que tenías una hermana —murmuró Killian.

Jacob se encogió de hombros.

—Bueno, no lo voy gritando a los cuatro vientos. Además, hace años que no vive en Forks.

—Tiene dos —informó Seth—. Gemelas. Rebecca ya está casada.

—Woah —exclamó Killian con sorpresa. Paul sonrió ladino y puso su mano en el respaldo de la silla de Killian, ganándose una mirada sugestiva por parte de Jared y Quil.

—Killian, ¿necesitas algo? —preguntó Emily mientras sacaba otra tanda de panecillos del horno.

El neófito desvió su mirada hacia la humana antes de negar.

—Estoy bien, señorita Emily —contestó suave.

—Si necesitas algo, házmelo saber —avisó, levantando su dedo índice y señalándole.

Killian agachó la cabeza, una sonrisa plasmada en su rostro. Paul no pudo evitar seguir con la mirada cómo el neófito jugueteaba con sus dedos, sonreía suave y reaccionaba curioso ante las conversaciones de la manada.

Todo aquello parecía natural, como un día a día del cual podría acostumbrarse. Killian sentado junto a ellos mientras hablaban de temas varios y devoraban la deliciosa comida de Emily; preguntas al azar que realizaba el curioso neófito, la preocupación de la impronta de Sam por tener a su invitado cómodo y contento pero, sobre todo, poder tener a su propia impronta junto a él.

No obstante, había algo que lo tenía pendiendo de un hilo y esa era Rachel Black. Se había encontrado con la chica haría un par de días cuando regresó a Forks y una sensación bastante extraña le había hecho querer darse cabezazos contra un árbol. Era como si un imán gigante lo estuviera arrastrando hacia ella y aquello le hacía sentirse repugnante a sabiendas de que su impronta estaba al otro lado del tratado. Paul no entendía y se había hecho cargo de mantenerlo en secreto y no pensar en ello cada vez que se transformaba. Aquello le estaba carcomiendo por dentro, más una vez que Killian estuvo a su lado, toda sensación parecía haberse disipado.

—¿No es cierto, Paul? —preguntó Jared, sacándole de su ensimismamiento.

Paul reaccionó, moviendo su cabeza de un lado a otro.

—Sí, sí —respondió de inmediato sin saber a qué.

Las carcajadas no tardaron en inundar la estancia. Paul miró confundido a su alrededor y luego a Killian, quien sonreía hacia él e intentaba aguantar su risa.

—¿Qué he dicho? —preguntó confuso.

El neófito mordió su labio inferior para evitar reír antes de contestar.

—Acabas de admitir que besarías a Jasper a cambio de comer un panecillo más de la señorita Emily —dijo en un susurro como si fuera un secreto.

Paul abrió sus ojos ante lo dicho por el contrario y lanzó una mirada mordaz a Jared.

OJOS ROJOS; twilightHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora