¿Podíamos confiar en la hermana del enemigo?
Mi mente funcionó a mil kilómetros por hora durante el tiempo que tardó la mina alta y bonita de facciones conocidas en hacer su camino hacia nosotros. ¡Eran muchas las preguntas que tenía atragantadas en ese momento! ¿Por qué nos habíamos juntado en una cafetería? ¿Por qué daban tan poquito café y tan caro? ¿Por qué alguien se levantaba temprano por voluntad propia? ¿La mami zorrona sería consciente de en dónde estaba su hermana y con quién? ¿Por qué estábamos confiando en alguien que no conocíamos y que ni cagando podía estar de nuestro lado en vez del de su hermana? ¿Por qué siquiera le estábamos dando el beneficio de la duda el enemigo? ¿Cómo fue que ella se contactó con él? ¿Sabría del asunto mi hermana? ¿Y cómo que entre ellos había historia? ¡¿Se comían?! ¡¿Hace cuento?!
—Tadán, nuestra aliada es la Mónica, porfa se amable y si pregunta por qué estás aquí, di que estabas conmigo ayer cuando me llamó por teléfono y por ende escuchaste nuestra conversación. —susurró el Javier de una forma tan rápida que me dificultó un poco entenderle.
—¿Ah?
¿Y por qué no podía decir que realmente estaba ahí para protegerlo porque aparentemente le daba miedo cómo reaccionaría la enemiga al verlo luego de su supuesta "historia"?
Mis conclusiones eran que habían terminado en mala y me daba una curiosidad tremenda saber si estaba o no en lo cierto. En ese momento incluso me enojé un poco con la Amelia por no contarme tremendo chisme... ¡Aunque quizás ella no tenía idea! ¿Al salir de la cafetería podría contarle a mi hermana todo lo que había pasado? ¿O todo lo que ocurriera en la cafetería sería secreto confidencial?
—Hola —fue lo primero que dijo la hermana de la mami zorrona cuando estuvo frente a nosotros. Su voz era ligeramente ronca y la expresión en su rostro no demostraba odio hacia nosotros, lo cual me parecía un punto a favor—. Pensé que ibas a venir solo —comentó, esta vez dirigiéndose a mi cuñado en particular, sin embargo, no denotaba estar enojada por eso si no más bien sorprendida.
—Perdona —me adelanté a mentir en nombre de mi hermano político—. Es que anoche te escuché hablando con el Javier y quise venir porque la Martina igual es súper importante para mí —en lo último claramente no estaba mintiendo—. Me llamo Maite, es un placer.
Ella tomó asiento entre ambos y con un gesto de su mano, llamó la atención de una de las chiquillas que tomaba los pedidos de las mesas y pidió un capuchino de avellana.
—Mónica —se presentó, apoyando sus codos sobre la mesa y su mentón sobre sus manos. Luego dirigió su vista a mi cuñado y una sonrisa casi imperceptible se instaló disimuladamente en sus labios. Ay ¿estaba feliz de verlo?—. Tanto tiempo sin verte.
—Eh... sí —el susodicho le contestó casi a tropezones. Estaba incómodo, se le notaba y eso me intrigaba mucho. Aclaró su garganta y con cuidado se acomodó mejor en el asiento—. Sorry por haber desaparecido como si nada —se disculpó y en vez de sentirme fuera de lugar, disfruté mucho de la información que estaba obteniendo.
No es como que yo creyera que el amor que decía —y demostraba— sentir el Javier por mi hermana no fuese honesto, al contrario, supe desde el primer momento que sus sentimientos eran sinceros y no me pregunten cómo, yo simplemente así lo sentí, sin embargo, el tema con la tía zorrona se me hacía extraño, es decir, ¿por qué tanto nerviosismo al ver a alguien con quién no tienes absolutamente nada? ¡Porque se supone que no tenían nada! Creía confiar en él, no obstante, ¿cómo se podía confiar del todo en alguien que no fuera uno mismo, y aún más cuando esa persona tenía en su poder algo tan valioso como lo es el corazón de tu persona favorita en el mundo?
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PAPI MECHÓN (editando)
Ficção AdolescenteDe como una cabra de cuarto medio se fija en un papá soltero, antipático y orgulloso.
