VEINTITRES

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—¿Por qué me estai mirando así?

—No sé po, dime tú. —me contestó mi mejor amiga mientras me daba una mirada pervertida.

Puse los ojos en blanco, pa' después pararme frente al espejo y pasar los dedos entremedio de mi pelo desenredándolo.

—Pa' mí que estai puro buscando excusas para ver al papi ricky.

—Na' que ver. —le contesté de una, dándome la vuelta pa' mirarla seria y verme más convincente— tengo que tratar un tema súper profesional con él y era, no tengo otras intenciones.

—Ya ¿y pa' qué te arreglai tanto entonces?

Fruncí el ceño. ¿Por qué siempre tenía que haber un hombre de por medio cuando una quería verse mina? ¡Quiero verme rica pa' mí!

—Se llama peinarse, deberíai probarlo algún día. —le aconsejé.

—Esa palabra no está en mi diccionario. —hizo una seña desinteresada con su mano y luego se levantó de mi cama para caminar por la pieza y quejarse— más encima me vai a dejar sola.

—Acompáñame po.

—No, que fome. —resopló dejándose caer en la cama en actitud dramática— tres son multitud.

La mire, pero no dije nada y simplemente me empecé a reír. Fijo y terminaba acompañándome igual.

Además no es como si fuera a demorarme tanto en la casa del pecado.

Iba por algo súper específico de hecho, algo que no podía esperar más tiempo y tampoco podía conversarse por teléfono. ¿Qué creen que íbamos a hablar? ¡Obviamente el tema de la mamá de la bendi!

Seguro el Vicente me iba a mandar a la chucha porque probablemente era un tema delicado para él, sin embargo, teníamos que hablarlo igual. Onda, pongámonos en el caso de que la mina con la que había hablado en la tarde si era la mamita del año, yo prácticamente le había refregado en la cara a su hija. Y quién sabe, quizás si hubiera conversado con ella un poco más de tiempo en volá hasta le terminaba contando sin querer información confidencial.

Necesitaba saber algo de esa mina, al menos una descripción física pa' mantenerme alejada.

—¿Ya te vas?

Tomé mi celular, plata pa' la micro y me los guardé en los bolsillos de mi pantalón.

—Sí, ¿vení o no? —le pregunté por última vez a la Vale.

—Ya bueno. —terminó aceptando como lo sospeché desde un principio— igual me sirve pa' analizarlo bien, la otra vez vi de lejos no más al sugar daddy.

—Sugar daddy. —repetí riéndome y antes de salir me eché un poco de perfume bajo la atenta mirada de la Valeria— ¿qué hueá?

—Por si la pongo. —elevó sus cejas una y otra vez de manera sugestiva pa' después codearme.

—Ahueoná. Yo no tengo qué poner.

—¡Ah verdad! —exclamó cerrando la puerta de mi pieza cuando ya estuvimos afuera— ¿cómo sería el dicho para nosotras?

Fruncí el ceño mientras pensaba y analizaba la situación.

—¿Por si me la ponen?

PAPI MECHÓN (editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora