Dejé caer mi cabeza sobre la mesa en modo tristeza de intensamente y luego suspiré.
—Te odio de verdad.
—La media hueá. —me contestó mi hermana mientras elevaba sus hombros, despreocupada.
¡Ni siquiera me miraba!
—Amelia —empecé a reclamar volviendo a mi posición normal en la silla. Tomé el cuaderno entre mis manos y fruncí el ceño— esto es como ruso pa' mí po. ¿Podemos cambiar?
—No.
Entrecerré mis ojos en su dirección.
A mi hermana le cargaba leer, pero podía pasarse horas ojeando revistas culiás de moda que ni siquiera estaban en español.
Como en ese momento que leía vogue.
¿De dónde las sacaba? probablemente del sugar daddy.
—¡Javier! —grité a mi cuñado nunca-oficial y él asomó su cabeza por la puerta de la cocina.
—¿Pasa algo?
Sí, gente. Estaban bien en el refugio.
La separación les duro alrededor de un día y medio o dos, no cacho bien. No quise preguntar el por qué del drama, ni tampoco cuestionar a mi hermana, porque sinceramente a mí me convenía caleta que estuvieran bien ya que así el Javier pasaba metío en la casa.
¿Por qué era beneficioso pa' mí?
¡Porque cocinaba demasiado bien!
—¿Puedes ayudarme con esto? —agité el cuaderno en el aire.
—¿Qué es? —indagó con el ceño fruncido mientras se acercaba y limpiaba sus manos con un paño de cocina.
Tomó el cuaderno entre sus manos y luego me miró con el ceño fruncido.
—Esto es súper fácil po, mujer.
—¿Y lo puedes hacer? —hice un puchero en su dirección mientras hacía la seña de "por favor".
—Eh...
—No, no puede. —se adelantó a contestar mi hermana— si lo resuelve el Javier es trampa.
El susodicho hizo una mueca mientras me devolvía el cuaderno, se acercó a mi hermana y le robó un beso para luego irse a la cocina.
Desde ahí me hizo un gesto con su mano levantando un dedo y luego desapareció.
¿Uno? ¿y el uno iba al principio o al final?
—Puta oh. —seguí reclamando pa' después suspirar pesadamente y recargarme en la silla.
Necesitaba horriblemente la cuenta rut de la Amelia por motivos demasiado personales...
Comprarme una polera por insta.
¡Pero la maldita seguía sentida porque no le conté que andaba con el Vicente!
Así que en vez de darme la contraseña directamente, me había dado de tarea resolver una ecuación en mil grado. Cuando la resolviera ella me iba a decir si tenía que dividirla, multiplicarla o lo que sea; el resultado final correspondería a los números de la contraseña online.
Por su parte las letras ya las había cachado.
La inicial de mi papá, la mía y la de ella. Lo cursi no se lo quitaba nadie a esa mujer.
Sin embargo, ni con ayuda del todopoderoso iba resolver el ejercicio de mierda, porque las matemáticas y yo no éramos amiguitas.
—¿No puedo redactarte alguna hueá? —le ofrecí a mi hermana— soy humanista po.
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PAPI MECHÓN (editando)
Roman pour AdolescentsDe como una cabra de cuarto medio se fija en un papá soltero, antipático y orgulloso.
