Fran rió.
-Si que es una carrera, que tú- lo señalé- mejor dicho, que ustedes...- me corregí- no lo comprendan, no es mi problema.
-¿Y de qué te servirá?- preguntó mi amiga de manera casi capciosa.
-La filosofía es casi una elección de vida-.
Ambos soltaron una carcajada.
-No me resulta gracioso- volví a quejarme mientras Fran estacionaba en frente del edificio cuatro, dónde Jorge estudiaba derecho-.
-Si lo es- me dijo Jorge y se bajó- gracias por traerme chicas- miró a Franchesca y luego me sonrió y se acercó a mi oído- adiós mi pequeña filósofa, nos vemos más tarde- susurró dejándome quedada.
-Es un tonto-.
-Pero aun así te gusta- dijo Fran mientras se dirigía al estacionamiento enfrente del edificio dónde quedaba mi primera clase.
-¿Qué dices?- balbuceé nerviosa- eso no es verdad.
Su mirada pasó de divertida a acusadora.
-Vamos Martina, he notado como lo miras-.
-¡No lo miro de ninguna manera!-.
-Di lo qué quieras pero no engañas a tu mejor amiga-.
Refunfuñé mientras salía del coche.
-¡Nos vemos más tarde, nena!- gritó mientras ponía el coche de nuevo en marcha.
Era demasiado obvia. Quería abofetearme por no disimular mi mirada de encanto, cada vez que el rizado de esmeraldas verdes se acercaba a mí.
Pero me era casi imposible,... me preguntaba si Jorge también se habría dado cuenta.
De sólo pensarlo me sonrojé.
Si Franchesca se daba cuenta con sólo mirarme, ¿qué sucedería con él?
Demonios.
Entré a mi clase de literatura y me senté en el primer banco junto a Marco.
-Hola preciosa- besé su mejilla-.
-Hola grandulón, ¿el profesor aun no ha llegado?-.
-No, se rumorea que hay un suplente, ya que nuestro viejo y decrépito profesor se ha jubilado- me dijo el moreno sexy mientras yo sacaba mis libros.
-¿Cómo que se rumorea? ¿Se ha jubilado o no?-.
-No lo sé. Todo el mundo está diciendo eso-.
-¿A quién defines como "todo el mundo"?-.
-Martina, no hagas tantas preguntas, es muy temprano- me reprochó Marco.
-Lo siento- sonreí divertida- ¿cómo haz pasado la noche?- arqueé una ceja.
-Estupendamente- respondió con una sonrisa triunfante.
Y sabía exactamente a qué se refería.
Hacia dos meses que Marco venía intentando ligarse a una chica, la noche anterior, ella se había dignado a rendirse a sus encantos, y finalmente habían concertado una cita.
-Supongo que esa sonrisa no es sólo por un beso- me reí y el me acompañó.
-Oh claro que no...- dijo pensativo sin dejar de sonreír.
-Eres un pervertido- golpeé su hombro.
-¿Qué? Le he dado como conejo toda la...- lo interrumpí.
-¡Cállate! ¡No necesito detalles!- el comenzó a reírse ante mi expresión horrorizada.
-Eres una blandengue, apuesto a que aun eres virgen-.
El recuerdo de mi primera vez me azotó como una descarga eléctrica. Jorge. Sus besos, sus caricias, y el sonido de nuestros jadeos y gemidos me erizó la piel.
