Ésta vez, no iba a ser fácil contenerme. Tenía la rabia almacenada en alguna parte de mí desde hace unas cuantas semanas.
-¿Palabras de sabio?- pregunté retórica y solté un suspiro.
-¿Cómo has estado?-.
¿Es qué acaso la gente no tiene otra maldita pregunta para hacer?
-Bien, supongo- respondí mientras bebía un sorbo de agua.
-¿Y Jorge?- mi corazón se detuvo. Ésa era la pregunta que no esperaba.
-No es tu asunto, Francisco- le advertí.
-¿Se han peleado?- preguntó ignorándome.
Cerré los ojos intentando que mi tolerancia no se derrumbe.
Asentí sin saber por qué.
-¿Te ha hecho daño?-.
Si seguía con esa incómoda conversación, terminaría llorando y en los brazos equivocados.
Sabía que no era el momento adecuado, y mucho menos Francisco no era la persona correcta para desahogarme, pero mi débil corazón ya no podía contenerlo más.
-Sí- dije casi en un susurro y levanté la vista para evitar dejar caer lágrimas-.
Sentí su tensión.
-¿Te ayudaría si te digo que lo mataré?- preguntó él intentando -irónicamente- aliviar la situación.
-No, pero gracias por el intento- respondí sincera.
El sonrió. Y me pareció la sonrisa más honesta y sencilla que había recibido de parte suya. Parecía relajado y no a la defensiva como lo había estado siempre. Me recordaba vagamente a alguien, pero no sabía quién.
Nunca había observado el rostro de Francisco con especial atención.
En realidad era bastante atractivo, si lo combinara con una buena personalidad, quizás sería un buen partido.
-¿Porqué te interesas tanto en mí?- le pregunté saliendo de mis cavilaciones.
La tensión volvió a dominar el ambiente.
-No lo sé- respondió nervioso.
-¿Te gusto?- arqueé una ceja mientras bebía otro sorbo de agua y observaba la muchedumbre bailar.
El sonrió divertido.
-No del modo que crees-.
Su respuesta me sorprendió.
-¿Ah no?- dije curiosa- ¿de qué modo crees que creo que te gusto?-.
