-Wow- dijo Jorge observándome cuando bajé la escalera.
Hacía apenas unas horas había comprado ése atuendo y ya estaba estrenándolo.
Un vestido blanco corto y ajustado acentuaba bastante mi figura. Empezaba como corsé en la parte posterior y terminaba en curvas sueltas con fina tela de encaje. Como siempre, sencillo pero delicado. Un par de pulseras plateadas estratégicamente colocadas en mi muñeca izquierda y el colgante que Marco me había regalado para mi cumpleaños adornando mi cuello.
Apenas un poco de maquillaje suavizando las lineas de mi rostro, y el cabello en desordenados rizos.
-¿Qué tal si nos quedamos aquí?- preguntó Jorge atrayéndome hacia él.
Reí.
-No me he arreglado tanto para quedarme aquí- me quejé antes de que él me besara- por cierto, tú también estas increíblemente apuesto-.
No más de lo normal, de hecho. Jorge estaba de infarto. Llevaba un esmoquin gris oscuro que le quedaba a la perfección haciendo resaltar la palidez de su piel. El cabello igual que siempre, rizos desordenados. Su delicioso perfume cautivó a mis sentidos y me dejó abrumada.
-Vamos ya- dije algo agitada.
-Vamos-.
(...)
-¡Sorpresa!- gritaron todos cuando entramos.
Jorge me miró sorprendido y luego sonrió.
Todo el mundo comenzó a saludarlo y desearle feliz cumpleaños debido a que ya eran las doce pasadas.
-Ha salido a la perfección- me dijo Fran entre la gente.
-Gracias al cielo- me reí y ella me tomó de la mano guiándome hacia el baño- ¿qué sucede?-.
-Caroline está aquí-.
Se me hizo un nudo en el estómago.
-¿Quién diablos la ha invitado?- gruñí buscándola con la mirada.
-Supongo que Facu. El lugar es exclusivo, si no estás en la lista no entras- me dijo mi mejor amiga.
Suspiré.
-No dejaré que arruine la noche-.
-Duro con ella, pollita- me alentó Franchesca y me reí.
Una vez que todos los saludos terminaron, todos nos dirigimos de la gran recepción al parque descubierto dónde se ubicaban unas cincuenta mesas, elegantemente adornadas, junto a un escenario.
-Gracias por todo, Martina- dijo Jorge abrazándome.
-La noche recién empieza- atajé divertida- además de que yo no fui la única que organizo todo ésto. Te sorprenderías si te digo lo poco que he contribuido, y por cierto... feliz cumpleaños- el me miró fijamente y luego me entregó una de sus hermosas sonrisas.
-Gracias- me besó en la comisura de los labios. Un beso rápido, pero ardiente.
La velada transcurrió lentamente.
A Jorge y a mí nada nos separaba. Como si estuviéramos encerrados dentro de una esfera, nadie podía alejarnos al uno del otro, y la magia se hacía presente.
En la mesa principal, nos encontrábamos Jorge, Diego, Franchesca y yo.
Lamentablemente yo no había sido quién había organizado las mesas, por lo que no pude poner a Anne más cerca de nosotros.
La observé mientras se acercaba y sonreí.
-Hola Martina- me devolvió la sonrisa- hola hijo...-.
{Narra Jorge}
Y allí la tenía. Mi madre. Una de las dos mujeres que más amaba en el planeta.
¿Cómo puedes perdonar a una persona que te ha lastimado tanto? La respuesta era simple, pero no fácil de explicar. Sencillamente... la gente se equivoca.
Frente mis ojos noté como una escurridiza lágrima se deslizaba suavemente por su mejilla.
Sin esperar más me paré y la abracé. Ya no podía albergar dudas o resentimientos, ella era la mujer que me había dado la vida, ¿y qué puedo decir? No me olvidaré de sus errores, pero la perdonaré, como ella lo ha hecho cientos de veces conmigo.
-Perdóname- sollozó sobre mi hombro.
-Te amo, mamá- dije y mi voz se quebró.
Intenté con todas mis fuerzas llorar, pero unas cuantas lágrimas se escaparon de mis ojos.
Mi madre se alejó de mi, sólo para observarme. Secó con uno de sus dedos el rastro de mi llanto, y sonrió nostálgica.
-Te amo, hijo. Feliz cumpleaños- volvió a abrazarme y la estreché en mis brazos.
A mi espalda escuché el indicio de un llanto.
Me di media vuelta y la vi.
Martina lloraba.
-Gracias Martina- le dijo mi madre abrazándola.
Las dos mujeres de mi vida se llevaban de maravilla, ¿había algo mejor que aquello?
