Mi corazón comenzó a palpitar como la primera vez que lo ví. Intenté reprimir mis emociones, pero por más que quisiera no podía. Mi amor por el seguía estando tan intacto como siempre.
Me preguntaba qué resultaba más patético, si seguir amándolo después de aquella fiesta, o ser realmente consciente de qué el jamás había cambiaría.
Jorge se encontraba sentado en el suelo, sobre el umbral de su puerta.
¿Porqué demonios no se me había ocurrido que podría estar ahí? De todos modos ya no importaba; no podría hacer como si no pasara nada.
Él no notó mi presencia, parecía estar sumido en sus pensamientos. Tanto al punto que podría haber surgido un terremoto y el no se habría dado cuenta.
Suspiré y busqué las llaves en mi bolso. Casi me da un infarto cuando al levantar la mirada me encontré con la suya posada fijamente en mí.
En una fracción de segundo sentí como si nada hubiera sucedido. Como si él no hubiese besado a Caroline esa noche, como si mi corazón nunca hubiera sido roto.
Sin embargo la sensación desaparició al instante al que cruelmente caí a la realidad.
Él si había besado a Caroline, y sí había roto mi corazón.
Antes de darme tiempo a pensar en algo más él se levantó del suelo y se acercó peligrosamente a mí.
Me sentí inmune, pero experta.
Levantó su mano y le dió una breve caricia a mi brazo que me dejó atónita.
-¿Qué haces?- le pregunté desconcertada y me aparté.
-Quería comprobar si eras real-.
Su voz, ronca casi como un susurro me dejó paralizada.
¿Porqué Dios nos hace amar tanto a las personas menos indicadas?
-¿Has tenido alucinaciones o algo por el estilo?- mi patético intento de romper el hielo pareció haber funcionado. El sonrió y sentí como si le inyectarán una dósis de azucar a mi sangre. Dulce, demasiado dulce.
-Algo por el estilo- respondió volviendo a sentarse.
«Aléjate de allí. Aléjate de él»
-¿Porqué estas aquí?- me animé a preguntarle haciendo caso omiso a las fuertes advertencias que intentaban aturdir mi cabeza.
-Me he mudado aquí de nuevo-.
Suspiró y volvió a fijar su mirada en mí.
-¿Por...?-.
-Creí que era bastante obvio- me contestó.
Me senté en el umbral de mi puerta, ¿por qué era tan masoquista? ¿por qué diablos no podía mantenerme alejada de él? Alguna vez había pensado en que el era mi oxígeno, y parecía así ser. Oxígeno contaminado que lastimaba mis pulmones, pero sencillamente lo necesitaba. "Vaya metáfora"- ironicé.
