-¿Debo preocuparme?- preguntó y me sentí enternecida.
-No, claro que no- le sonreí.
Me pegué a su brazo y el besó mi frente.
Nos estacionamos sobre la calle frente a la casa de Franchesca.
-Toca el claxón, si me bajo me mearé del frío-.
El rió y me hizo caso.
-Debiste haberte secado el cabello, te enfermarás- dijo pasando su brazo por detrás de mis hombros.
-No exageres- me reí besando su mejilla.
Escuché las puertas traseras abrirse y al instante la chillona voz de mi amiga.
-¡Martinaaaaa!- me abrazó desde atrás casi ahorcándome.
-Hola chicos- dije dándole un beso en la mejilla a cada uno luego de estirarme hacia los asientos de atrás.
Volví a mi lugar y escuché todo el viaje parlotear a Fran.
Jorge me miraba divertido.
-¿Qué hay con Diego?- le pregunté a mi amiga interrumpiéndola.
-¡Shhh!- me calló ella.
-Está dormido, Franchesca- puse los ojos en blanco.
-No importa, eso te lo contaré cuando lleguemos, y más que obvio, sin Jorge presente-.
El nombrado nos miró ofendido.
-¿No confían en mi?-.
-Sí, pero conozco a los hombres, y se que se cuentan absolutamente todo, así que prefiero que no escuches- ambos reímos.
-Las mujeres también hablan de esas cosas. Son peores que los hombres- se defendió Jorge.
Y así es como empezó un largo debate- pelea acerca de porqué las mujeres son más confiables que los hombres y viceversa.
Envidiaba a Diego, profundamente dormido y sin escuchar la sarta de estupideces que decían mi mejor amiga y mi novio.
A medida que nos alejábamos del pueblo, el sueño volvía a apoderarse de mi cuerpo.
{Narra Jorge}
Luego de pasar la mejor noche de mi vida, aquí me encontraba.
