aminé a lo largo de las anchas calles de Holmes Chapel. Hasta ese momento no me había dado cuenta de cuanto había extrañado la vibra hogareña y familiar de aquel pequeño pero amigable pueblo. Me sentía cálida y acogida, y no era realmente por la temperatura... aquel lugar era sencillamente parte de mí.
Unas cuantas horas me bastaron para recorrer toda la ciudad -increíblemente sin perderme- y entregar currículos en algunos institutos. Sólo me quedaba por volver a visitar aquella Universidad en la que habían transcurrido la mayoría de mis más alegres y tristes recuerdos.
Suspiré llegando a la gigantesca y elegante entrada del edificio dónde se encontraban las oficinas de directivos, y todo tipo de gente que trabajaba allí.
-¿Martina?- preguntó una voz familiar a mis espaldas.
-Hola Marco- le sonreí acortando los pocos metros de distancia que nos separaban.
-Hola cariño, ¿qué haces por aquí?- dijo besando mi mejilla.
-Volveré a inscribirme en la universidad porque quiero estudiar dos veces la misma carrera- le dije bromeando sarcásticamente.
El rodó los ojos y luego rió.
-Supongo que vienes a entregar tu currículo-.
-Y no solo eso, me han dicho que es muy difícil entrar a trabajar aquí. Te piden todo tipo de documentos, que certifiquen que eres de aquí, y que haz estudiado correctamente y todo ese lío- dije mostrándole el grueso folio que llevaba en la mano.
-¿Quién diría que la Universidad de Holmes Chapel sería tan prestigiada?- dijo para sí mismo.
-Eso mismo- coincidí- ¿qué dices si luego vamos por un café?-.
El me miró divertido.
-Me has estado llamando toda la semana para salir, ¿me extrañas verdad? ¿estas enamorada de mi pero tienes miedo a decírmelo y que yo te rechace?- bromeó y comencé a reírme.
-Siempre dices que estoy enamorada de tí- me quejé- apuesto a que fantaseas conmigo- esta vez fue el quién estalló en carcajadas.
-Sí fantaseo contigo- admitió y arqueé una ceja- con que te quedes muda para siempre-.
-Oye- golpee su hombro y se rió- yo no hablo tanto... -me miró serio- ¿es enserio?-.
-Bueno...- comenzó él con un atisbo de carcajada en su garganta.
-Vaya vaya vaya... miren a quién tenemos aquí- escuché a mis espaldas.
-¿Nunca se te ocurrió otra manera de empezar una conversación?- lo cuestioné dándome la vuelta.
