Al terminar con mi segunda clase, recorrí -satisfecha- el pasillo hasta la salida del edificio.
Antes de llegar a la puerta, me topé con una de mis viejas pesadillas.
-Excelente tu clase- me felicitó con una sonrisa pícara.
-Gracias- respondí intentando no sonar seca.
-¿Cómo te ha ido?-.
-Genial, ¿y a tí?-.
-Bien- respondió con otra sonrisa.
Silencio incómodo...
-Francisco...- dije con intención de despedirme pero me interrumpió.
-Tengo que decirte algo, Martina - dijo serio-. Es importante-.
-Dime- le otorgué confundida.
-Hace tiempo que...- comenzó pero luego sentí un brazo acorralándome.
-¡Profesora!- chilló Franchesca sobre mi oído y sonreí contenta.
Era probablemente la primera muestra de afecto de aquella Franchesca con la que me había encontrado luego de mi huída.
-¿Interrumpo algo?- preguntó mirando a Francisco quién -sorprendentemente- le guiñó un ojo.
Cuando estuve a punto de decir algo, Francisco habló:
-No, claro que no-.
-Genial, ¿vamos Martina? Muero de hambre-.
Observé extrañada al castaño que había omitido lo que tenía que decirme. Dijo que era importante, pero luego simplemente... ¿lo olvidó?.
Esperé unos segundos a que Francisco dijera algo pero el sólo se limitó a sonreír.
La ansiosa Franchesca a mi lado me tomó del brazo.
-Vamos, vamos- le dije riéndome- adiós Francisco-.
(...)
-Me alegra que vuelvas a ser tú- le dije a Franchesca mientras tomaba un sorbo de café.
-Nunca he dejado de ser yo, sólo es el look- dijo con una sonrisa.
-Ésto me recuerda viejos tiempos- Marco nos abrazó a ambas dejándonos sin aire.
-Hey víceps- le dijo Fran- ¿has estado yendo al gimnasio?- preguntó sorprendida.
-No, me ha dado una reacción alérgica en los brazos y por eso están hinchados- dijo él sarcástico.
Ambas reímos. Aquellos eran mis amigos, y me sentía tan completa con ellos...
...sin embargo, unas cuantas cosas me preocupaban.
Como por ejemplo, Jorge. Desde esa noche en la fiesta de Fede, no había habido otro encuentro por el estilo.
Mi corazón se encontraba hecho un lío, y peor aun mi cabeza.
Me había resignado a amarlo desde lejos, porque si bien podría haber respondido 'si, quiero que volvamos', mi mente
había sido friamente más astuta.
Lo absurdo en el asunto es que yo había dicho 'nada de reprimir sentimientos', ¿y qué me encontraba haciendo ahora?
Intentando no volver a los brazos del amor de mi vida, sí, el hombre de mis sueños y pesadillas -reí mentalmente por lo irónico que sonaba-.
Sabía que si volvía con él probablemente terminaríamos en lo mismo de siempre. Mi corazón roto, y separados. No volvería a pasar
por lo mismo, no tropezaría con la misma roca tres veces. Al menos eso decía mi consciencia...
Y por otro lado estaba Facu. Lo amaba muchísimo, pero gran parte de ese afecto se debía a que él había opacado el vacío en mi alma.
Luego del beso con Jorge había empezado a pensar que Facu era mi soporte.
Sonaba cruel, lo sé.
Pero no podía negar que estaba enamorada de Jorge, ¿y Facu? El me animaba en todo, me amaba como nadie, y me alegraba los días. Pero sencillamente el rizado era el que me traía loca.
No iba a dejarlo, principalmente porque no debía hacerlo -estaba demasiado agradecida a todo su cariño-. Y segundo porque realmente lo amaba y no quería deshacerme de la única persona que me había acogido en sus brazos cuando nadie lo hacía.
Y allí entraba el conflicto, mente versús corazón.
Mi corazón rogaba a gritos volver con Jorge... mi mente sabía que eso era un error. Mi corazón me decía que Facu no era el indicado, mi mente sabía que él era una especie de ángel y si lo dejaba ir, sería otro error más.
