Los chicos se lucieron con la fiesta. Una banda de jazz le daba melodía a la noche, y el menú fue exquisito.
Luego de bailar el vals con casi todas las mujeres del lugar, me dirigí a Martina, y entrelacé mis dedos con los suyos.
-¿Ya quieres tu regalo?- me susurró en el oído.
La miré divertido.
-¿Estas segura que quieres dármelo frente a todos?- le pregunté besando su frente y ella rió.
-Ése regalo te lo daré en casa- carcajeó y la acompañé- ven-.
Me guío a través del gigantesco y elegante parque hacia la recepción.
Tomó de la mesa de regalos -que por cierto estaba repleta- lo que parecía un empaque con envoltura plateada.
-¿Para mí?- le pregunté.
-No, es para Marco. ¿Se lo puedes llevar?- dijo sarcástica.
-Tú siempre tan simpática- le dije acariciando su mejilla y ella rió.
Intenté abrir con cuidado la envoltura pero ella me detuvo.
-Jorge... ¿nunca te han enseñado como se abren los regalos?- me preguntó divertida- tienes que romper toda la envoltura, si no es mala suerte-.
La miré sorprendido.
-No lo sabía...-.
-Yo tampoco- me dijo riendo- ¡vamos, ábrelo!-.
Rompí de una sola vez la envoltura y observé el reluciente CD en mis manos.
-Elvis- afirmé emocionado.
-Abre la caja- me dijo ansiosa.
No era un CD normal, sino uno de esos que los usas más como adorno y sólo puedes escucharlo en un tocadiscos. Al abrir la enorme caja, encontré lo que parecía un retrato con una letra cursiva masculina. "Suspicious minds".
-Oh no es cierto... ¡diablos!- dije atónito-.
-¿Te gusta?- preguntó ella con una sonrisa.
-¿Qué si me gusta?- dije emocionado- ¡me has conseguido su canción escrita por él mismo!- casi grité y estreché a Martina en mis brazos.
-Pues me alegra que te guste- dijo mi novia riendo.
-Oh dios- la acerqué a mi- te amo, te amo, te amo-.
{Narra Martina}
Me llenaba el corazón el hecho de verlo feliz.
Dejó cortos y rápidos besos desde mi boca hasta mi hombro.
-Afuera hay fiesta, tortolitos- dijo esa molesta voz a nuestras espaldas.
-¡Francisco, hermano!-.
-Feliz cumpleaños, amigo- dijo él castaño acercándose a Jorge y palmeando su hombro- te haz lucido, Martina-.
-No fui yo sola quién organizo todo ésto- repetí por milésima vez pero de modo brusco.
-Me refiero a tu atuendo- me sonrojé pero de ira.
-Vamos al parque, aun la fiesta no acaba- casi gruñí.
-Vamos- dijo Jorge pasando su mano por mi cintura en un abrazo protector.
