-Eres una excelente profesora- me dijo Marco luego de que todos salieran del salón.
-Gracias, señor Marco- agradecí con formalidad y el rió.
-Te lo digo enserio, me has tenido entretenido toda la clase-.
-¿Ah sí?- dije divertida.
-Por supuesto, y creéme que uno, con rizos, de la última fila estaba deleitándose cada vez que escribías en el pizarrón. Tus piernas son todo un espectáculo-.
Reí avergonzada.
-Eso iba a preguntarte. ¿Crees que estoy bien vestida?- le pregunté haciendo caso omiso a lo que me había dicho de Jorge.
-Que sí- respondió observando mi trasero.
-¡No sea pervertido, estudiante!- le advertí con fingido enojo- ¿quiere que lo mande a detención?-.
El comenzó a reír.
-Yo iría a detención si fueras tú la que me castigara- dijo Harry con una sonrisa pícara mientras entraba.
Me sonrojé y miré a Marco que se aguantaba la risa.
-Los dejaré solos- advirtió Marco- recuerda, Martina, que luego de tu segunda clase te pasamos a buscar con Franchesca para ir a almorzar- dijo el moreno marchándose.
Una vez que estuvimos solos, suspiré y acomodé un par de papeles en mi folio.
-¿No me dirás al menos 'hola'?- inquirió el rizado mirándome fijamente.
-Hola-.
El rió.
-¿Las cosas quedarán así entre nosotros?- preguntó serio.
-¿Así?- repetí cuestionándolo.
-¿No volveras conmigo ni aunque te ruege?-.
-Sería divertido verte rogarme, pero te lo ahorraré- bromeé.
-¿Y en que se basa lo que tenemos? Porque no me digas que no hay nada aquí- dijo refiriéndose a nosotros.
-Se basa en una buena relación-.
-¿Quieres ser mi amiga?- dijo sorprendido.
-No-.
-¿Entonces?-.
-Ya no quiero pelearme contigo, Jorge-.
El me sonrió.
{Narra Jorge}
Ella no quería estar conmigo, ni ser mi amiga. Sólo tener 'una buena relación'. ¿A qué diablos se refería con eso?
Desde aquella noche en casa de Fede, no habíamos vuelto a hablar.
Pero su 'te amo' había perdurado en mi mente y corazón durante más tiempo del esperado.
Sencillamente no había salido de allí.
Me endulzaba el corazón que ella siguiera teniendo los mismos sentimientos por mí, incluso en el momento en el que ella correspondió
a mi beso, estuve seguro de que nuestro destino era juntos. Pero... ¿qué era esto?
Me reproché mentalmente. Antes de que ella regresara dije que sólo intentaría volver a tenerla en mi vida, y eso estaba bien... ¿pero ahora?
Estaba ansioso por tenerla como algo más que una maldita buena relación.
-En cinco minutos empieza mi próxima clase- me dijo y supe que estaba nerviosa.
-Te ha ido de maravilla recién- le recordé para que se calmara.
-¿Haz prestado atención a mi clase?- preguntó sorprendida y me di cuenta de que en realidad no había hecho otra cosa que mirar sus perfectas piernas y hermoso trasero en aquellas dos horas. Y así podría pasarme el día entero verla esforzarse en su trabajo. Me sentía realmente orgulloso, pero aquel cuerpo no ayudaba a nadie a desvíar la vista de él.
-Sí- mentí.
-No me digas- dijo sarcástica y divertida- ¿entonces haz estado estudiando mis piernas? ¿las encuentras como un nuevo símbolo filosófico?-.
Me reí y la abracé.
Me sorprendió que ella no me apartara, como pensé que lo haría.
Estudiantes comenzaron a entrar y debatí mentalmente si debía quedarme de nuevo en su clase, o ir a la oficina de la empresa dónde probablemente tendría un gran regaño por haber llegado una hora tarde.
Lamentablemente, me decidí por la segunda opción. Aquel era mi trabajo.
-Debo irme- le avisé y ella me miró.
Luego sonrió.
-Cuídate- besó mi mejilla- dale mis saludos a Sara- terminó ácida.
