-Vamos Marco, despierta, ya hemos llegado- le dije a mi mejor amiga que se acurrucaba en el asiento trasero.
-Un ratito más- balbuceó dormida.
Ya era tarde, y nos quedaban menos de diez pasos para entran en mi casa.
-Cárgala, no se despertará, ya lo sabes- me recordó Franchesca tomando su bolso y bajando del coche.
Tomé el ligero cuerpo de Martina en mis brazos, provocando que se despabile un poco.
-Qué bueno eres- sonrió a manera de agradecimiento.
Una vez que la recosté en el cuarto de huespedes y dejé sus maletas allí, me volví hacia el pasillo y caminé hasta el cuarto de Franchesca. Tenía que aclararme unas cuantas cosas.
-¿Qué no sabes tocar?- rezongó ella- se que es tu casa pero quiero intimidad...- exigió.
-Cálmate, ¿desde cuándo eres tan...?-.
-¿Tan qué?- cuestionó ella arqueando una ceja.
-¿Amargada?- bromeé y me fulminó con la mirada- de todos modos ya me voy, solo venía a preguntarte algo- le aclaré.
-Escúpelo-.
-¿Porqué le dijiste a Martina que Diego te dejó?- pregunté directo.
Su expresión se escandalizó en una fracción de segundo, como si se estuviera reprochando interiormente haber olvidado algo.
Suspiró.
-No quería tener que darle las explicaciones de porqué lo dejé- me respondió.
Fruncí el ceño.
-¿Y porqué lo dejaste?-.
-Si no quisé contárselo a ella, también se aplica a ti- dijo tajante y puse los ojos en blanco.
-Ella sabe que le haz mentido- le advertí y me miró fijamente- así que dímelo-.
Luego de unos segundos, contestó:
-Diego ya no me gusta-.
-¿Por...?- pregunté asombrado.
Siempre había creído que su relación era bastante sólida. Pero al parecer, me equivocaba.
-Me gusta alguien más- dijo firme y cuando estaba a punto de preguntarle quién, ella me interrumpió- el resto no es tu asunto, ahora vete que quiero cambiarme-.
Arqueé una ceja divertido.
-¿Qué tal si...?-.
-Vete depravado- rió ella.
{Narra Jorge}
-¡¿Cómo que nos vamos?!- preguntó Sara.
-Quiero volver a Londres- respondí mientras comenzaba a vaciar mi armario dentro de algunas maletas.
-¡Mis padres viven aquí!- dijo casi desesperada.
-Pues mi madre vive allá- le recordé- si quieres quedarte aquí, pues por mí, bien-.
Ella sollozó. "Oh oh, eso fue un poco duro"
-Cariño- me acerqué y tomé su rostro en mis manos- lo siento, extraño mucho a mi familia. Necesito volver. Te quiero... pero los extraño demasiado, como he dicho, si quieres venir, está bien- ella suspiró- tus padres podrían quedarse en casa de los míos por un tiempo. Pero no te obligaré a cambiar tu vida por mí-.
-¿Ya lo has decidido?- preguntó con vagas esperanzas.
-Por supuesto- dije firme y volví a mis asuntos.
-Le diré a mis padres que pueden venir con nosotros unos días- me avisó.
Algo decepcionado me di media vuelta fingiendo emoción.
-¿Qué?- preguntó Sara mirándome contemplarla- ¿creíste que iba a dejarte solo en una ciudad llena de inglesas con hormonas alborotadas?- bromeó- claro que no, cielo. Tú eres sólo mío- se acercó a mi y besó mi cuello.
Me aparté -interiormente molesto-, tenía la esperanza de que ella quisiera quedarse en Canadá.
-Pues no hay tiempo que perder, arma tus maletas- la esquivé.
-Bien- sonrió satisfecha y comenzó a sacar toda su ropa del armario contiguo al mío.
¿Cómo podría volver a ver a Martina teniendo a Sara cerca?
