-¿A dónde vas?- preguntaron Diego y Jorge al unísono.
-Por un botiquín de emergencias-.
Bien, en parte había dicho la verdad. Iría por el botiquín, pero me permitiría un pequeño vistazo a la recepción para cruzar una que otra palabra con el bastardo de Francisco.
De repente me sentí mal. Ése sentimiento que tienes cuando algo que haz planeado con tanto fervor,
dedicación y entusiasmo es cruelmente arruinado.
Sólo la presencia de Francisco podía echar a perder muchas cosas; no permitiría que el cumpleaños de mi novio sea una de ellas.
-Antes de que digas lo que sea... -comenzó el pelirrojo cuando me acerqué.
Mantuve la calma.
-Vete-.
-¿Qué?-.
-Ya haz escuchado, vete o le diré a los guardias que te saquen de aquí-.
El enarcó una ceja sorprendido y soltó una carcajada burlona.
-Qué sutil. Me agrada como te ves de... mandona- puse los ojos en blanco- nos vemos, Martina. Disfruta de la noche y ofrécele mis disculpas a tu... novio- concluyó retirándose por la puerta principal.
Regresé a paso lento hacia el jardín, pero Jorge no estaba allí, tampoco Diego.
Suspiré. Con el botiquín de emergencia caminé a lo largo del gran camino que conducía al parque dónde se escuchaba el delicioso y relajante ruido de un viejo jazz.
Sonreí sorprendida cuando llegué a la mesa, y el video que Anne había preparado para su hijo, comenzaba a reproducirse contra un panel blanco.
Allí fue cuando me percaté de que el no estaba en nuestra mesa, sino en la de su madre, con ella en brazos.
Sonreí. Por fin había logrado mi propósito de unirlos,... eso me ablandó algo el corazón, y permitió que me aflojara un poco el estrés.
Empecé a reír cuando vergonzosas fotografías de Jorge empezaron a aparecer sobre el panel. Una dulce melodía de Robbie Williams acompañaba el video y creaba una atmósfera nostálgica.
Jorge en pañales, en su primer día en el kinder, fotos en vacaciones, en navidad, con amigos, en secundaria, su primer día en la universidad... Anne se había lucido.
Me sorprendí cuando aparecieron algunas fotos conmigo, en mi cumpleaños, en casa de Francesca, ¿cómo las habría conseguido su madre?
Inmediatamente me sonrojé cuando él volteó a verme en la oscuridad del parque y me sonrió.
Las luces volvieron a brillar y el video acabó.
Todos estallaron en aplausos y Jorge abrazó a su madre dejando un tierno beso en su frente.
Luego se acercó y se arrodilló a mi lado. Incliné un poco la cabeza para poder verlo de cerca.
-Te amo- susurró sobre mi oído consciente de que todo el mundo nos miraba- besame -.
Sonreí y dejé la vergüenza de lado.
Sus labios se encontraron con los míos y sus manos se posaron en mis mejillas.
Escuché como la gente silbába a nuestro alrededor y me sonrojé aun más.
El beso fue tierno,... por que logré medir la intensidad.
Si fuera por mi rizado novio hubiéramos consumado el acto allí mismo en el suelo.
La velada transcurría de maravilla. Eran eso de las cuatro de la mañana pero la luz de la luna aun estaba presente.
Suspiré complacida en los brazos de Jorge mientras todo el mundo bailaba al compás de aquella suave y lenta música.
Me encargaría de agradecerle a Fede su colaboración.
Apoyé mi cabeza sobre el pecho de Jorge y él estrechó sus manos en mi cadera.
Observé contenta como mi mejor amiga bailaba junto a Diego, realmente parecían enamorados.
Ella era el tipo de chica enérgica, risueña y agradable que suele caerle bien a todo el mundo.
Él parecía un hombre tranquilo y fácil de adaptarse.
Sonreí. Ambos se complementaban.
-¿En qué piensas?- murmuró Jorge sobre mi cuello haciéndome erizar la piel.
-En... sonará cursi- dije arrepintiéndome.
-Dime- me incitó él divertido.
-En qué es totalmente cierto que los opuestos se atraen-.
La sonrisa de Jorge se acentuó más.
-¿Alguna vez te he dicho que amo tus ojos?- le pregunté a la vez que me perdía en los mismos.
-No, pero es agradable escucharlo- soltó una breve carcajada- espérame aquí un segundo- me pidió interrumpiendo nuestro baile.
-¿Me dejarás bailando sola?- fingí un puchero y el sonrió.
Me tomó de la mano y me guío hacia una de las mesas dónde se encontraban Fede, una chica a la que desconocía y Facu.
-Elisa, ¿cómo estas?- preguntó Jorge con una sonrisa.
-Muy bien, gracias. Por cierto... feliz cumpleaños- le devolvió la sonrisa.
Elisa era realmente bonita. Ojos café, cabello castaño y piel ligeramente trigueña. No parecía tener grandes tributos delanteros pero apostaba a que sus piernas eran el delirio de muchos hombres. Como Fede, que cómodamente la tenía sobre su regazo.
-Es un gusto, Martina, soy Elisa- extendió su mano y la estreché.
-Un gusto- sonreí.
Al fin alguien que no parecía querer arrojarse descaradamente a los brazos de mi novio.
El simple hecho hizo que Elisa me agradara.
-¿Facu?- dijo Jorge atrayendo su atención- ¿te importaría bailar con Martina?-.
Lo miré fingiendo estar ofendida.
-¿Así de rápido me vendes?- pregunté divertida y todos rieron.
-Ven aquí- me acercó a él y me robó un beso fugaz que me dejó ardiendo la boca- eres mía, y lo sabes- me dijo con nuestros cuerpos a una distancia poco prudente considerando que teníamos público.
