Dejé el bolso y abrigo sobre el perchero en la entrada, y caminé sigilosa por el oscuro pasillo.
Las luces de la casa estaban apagadas, ¿habría Facu llegado a casa?
Mis dudas se desvanecieron cuando al llegar al living vi sus maletas.
Entonces sí estaba allí.
Con un terrible nudo en la garganta, y mi estomago revolviéndose, recorrí toda la planta baja buscando alguna señal de Facu.
Cero.
Me quité los tacones y los dejé al lado de la escalera. Tenía los pies adoloridos.
Cuando llegué al primer piso, me dirigí directamente al cuarto. Presentía que Facu se encontraba en él.
Y no me equivocaba, oí su voz a través de la pared antes de llegar, y por alguna extraña razón, me detuve en seco.
-Tu puto plan no ha servido de nada- dijo una voz femenina-. Me la debes Facundo, ¿porque tú si has conseguido lo que querías y yo no? Me has usado, bastardo-.
Fruncí el ceño intentando decifrar esa voz. Me resultaba molestamente familiar.
-Ni siquiera a mi me ha servido, Martina sigue enamorada de él, y él de ella. No puedo hacer nada contra ello- escuché que decía Facundo y mi corazón se detuvo.
¡Caroline! ¡Facundo estaba hablando con Caroline!
Hecha una furia abrí la puerta del dormitorio con fuerza, haciendo que golpeé contra la pared.
Observé -con pánico interior- la escena.
Facundo estaba sentado sobre la cama en boxers y Caroline estaba arreglándose el vestido.
-¡Martina!- exclamó Facundo nervioso y buscó con la mirada sus pantalones. Los tomó y se los puso con rapidez.
Caroline me miró ocultando una sonrisa.
Antes de que Facu hablara lo interrumpí.
-No me digas que no es lo que parece- le advertí.
-No me acosté con ella, te lo juro- dijo -desesperado- al borde de las lágrimas y me sentí tonta.
-El idiota no es lo suficientemente valiente para "engañarte"- dijo Caroline con suficiencia acomodándose el cabello- aunque ya lo ha hecho-.
Fruncí el ceño y bajé la escalera corriendo. ¿Qué diablos hacían juntos? ¿A qué se refería Caroline con lo de que Facundo ya me había engañado?
Entonces lo recordé «Tu puto plan no ha servido de nada»
Ellos habían confabulado un plan.
Con tristeza, enojo y confusión decidí que ésta vez no iba a escaparme.
Aguardé en la sala.
Escuché como Facundo maldecía y bajaba la escalera a pisotadas rápidas.
Sus pasos se oían por el pasillo cuando se detuvo en seco en la entrada de la sala.
Arqueé una ceja cuando Caroline se asomó detrás de él, pasando sus manos por su cintura.
Con dolor en los ojos, lo observé.
El me devolvió la mirada, y se apartó de la castaña con brusquedad.
-Supongo que tú y Caroline han hecho ese patético plan hace tiempo, ¿verdad?- aventuré mirándolos a ambos.
Si la estúpida de Caroline hubiese tenido intenciones de escaparse de mi interrogatorio, probablemente mi mirada asesina hubiera sido lo que la hizo quedarse plantada en su lugar.
Facundo hizo una mueca de angustia.
-Facundo, dime la verdad- le pedí frunciendo los labios en una linea recta.
El me miró y luego suspiró resignado.
-El día del cumpleaños de Jorge- sólo dijo él.
El día que Caroline había besado a Jorge. Entonces era verdad, Jorge me había dicho lo cierto.
-¿Por qué?- pregunté con voz ahogada- ¿por qué intentaron separarme de él?- exclamé enojada.
Ahora lo entendía todo, todas aquellas llamadas y mensajes en medio de la noche que recibía Facundo. Era Caroline,... intentando cobrarse su parte del plan.
-Te amaba Martina- murmuró él- te amo. Jorge no era para ti, y tampoco lo es. El siempre será un mujeriego-.
Fruncí el ceño.
-Y sin embargo tú eres el que se encuentra semidesnudo junto a Caroline- le recordé enojada- ¿toda la escenita del beso ha sido parte de su plan, no es cierto? Y que te aparezcas casualmente en Estados Unidos, también- apreté la mandíbula- Todo ha sido una mentira-.
El me miró con dolor, y yo solo negué con la cabeza.
Caroline dió un paso dentro de la habitación y la observé, fulminante.
-No es que quiera defender a Facu, pero seguro tú ya te has acostado con Jorge, sólo eres una perra- dijo la castaña con una carcajada amarga. -Y él tiene razón, Jorge siempre será un mujeriego, necesita a una mujer sin compromisos. Como yo-.
-En otras palabras,... una zorra- dije yo con naturalidad.
Ella me miró con fiereza.
-Sí así quieres llamarle, pues a mi no me importa. Eres sólo una niña, él necesita a una mujer. Y Facu, tú también deberías dejarla, no vale nada. Te ha engañado con Jorge, y apuesto a que ni le importa-.
Y como lo suponía... estallé.
Acorté la distancia que había entre ella y yo, y me abalancé sobre su cuerpo.
-¡¿Por qué diablos no desapareces, maldita zorra?!- le grité mientras forcejeaba con sus brazos que intentaban aplacarme.
¡Ella! ¡Había sido la maldita razón de todo!
Sentí unos brazos tomarme por la cintura, e intenté apartarlos mientras Caroline me observaba con miedo desde el suelo.
-¡Puta ramera! ¡Vete de mi casa o te asesinaré!- le gruñí intentando que Facundo me soltara.
Ella se acomodó el vestido nuevamente, y salió corriendo de allí. Oí el portazo y me quedé inmovil pensando si tendría que correrla por todo la acera hasta asesinarla.
Luego de unos minutos sin moverme, me relajé.
Me aparté de Facundo suspirando pesadamente.
