Maratón 14/20

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-Ya no se que hacer con mi vida- musité desplomándome contra la silla de la misma cafetería en la que habíamos estado por la mañana.

-Lamento todo lo que ocurrió hoy- dijo Jorge mirándome apenado.
Tomé una bocanada de aire y luego suspiré.

Mi interior era toda una mezcla de sentimientos encontrados. Ira, tristeza, enojo, desilución...

Había perdido a mi padre, y descubierto a mi... hermano.
¿Cómo pude haber pensado que él quería pasarse de listo conmigo?- me reprochaba a mi mísma por haber sido tan ingenua, pero alguna parte de mi sabía que yo era la víctima en el asunto.

-Gracias por acompañarme- le dije a Jorge. -No tenías por qué hacerlo, y has sido mi soporte el día de hoy. Gracias, enserio-.

{Narra Jorge}

No podía verla así. Triste, desolada, y sin saber qué hacer.
Quería abrazarla, hundir mi rostro en su cuello y prometerle que todo iba a estar bien. Pero estaría mintiéndole.

Vi su rostro cuando encontró a Facundo con la tal Jessica.
Parecía decepcionada y a punto de largarse a llorar.

¿Por qué a mi pequeño ángel debía ocurrirle todo aquello?

Estiré la mano por encima de la mesa y acaricié la suya.
Su mirada era vacía, vacilante.

Luego de un momento, entrelazó nuestros dedos, y eso me llenó el corazón.
Era una pequeña cosita necesitada de cariño y comprensión. Diablos, como la amaba...

-¿Por qué me lo haces más difícil?- dijo ella con voz ahogada y mirada atormentada.

La observé confundido- ¿cuándo será el día que deje de amarte?- dijo más para si misma. -Hago todo mal, soy tan estúpida- cubrió sus ojos con la mano que le quedaba libre y apretó mi mano.

No me contuve y atraje su cuerpo hacia el mío.

-¿Qué has hecho mal?- le susurré al oído- yo te encuentro el ser más perfecto en la tierra. Todo lo que haces, lo que eres... no tienes idea de la suerte que tenemos los que te rodeamos- de tenerte en nuestras vidas- le dije mirándola fijamente-

¿Cuál ha sido tu error? ¿Amar a tu padre? ¿Enamorarte de alguien? Dime, por qué de verdad no entiendo lo que me dices- le exigí con el ceño fruncido.

Ella me observó fijamente desde su asiento -que estaba pegado al mío, debido al abrazo- y luego me susurró aquellas dos palabras que hacían que mi corazón se desvocara como adolescente.
"Te amo".

La atraje hacia mi con lentitud y deseo. Acaricié su mejilla como si fuera tan frágil que con sólo roce se rompería en mil pedazos.

-¿No te arrepentirás de esto, mañana?- le pregunté con los labios a centímetros de los suyos.

-Nunca me arrepentiría de amarte, Jorge- murmuró ella acortando la distancia entre nuestros rostros.

Me besó con dulzura, deslizando su mano por mi cuello y hombros. Apoyé mis manos a ambos lados de su rostro y profundicé el beso.

Su lengua jugaba con la mía, cálida, ardiente...

¿Quien Te Crees? (Jortini) TerminadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora