{Narra Martina}
-No quiero volver a casa- le dije a Jorge cuando nos subimos al auto.
-Facundo debe estar esperándote- me recordó el con seriedad.
Vacilé durante un minuto.
-Le pediré a Marco si puedo quedarme con él- le avisé tomando mi celular, pero en un segundo me lo arrebató de las manos.
-¿Estas loca? Te quedarás conmigo-.
-Ni demente, Jorge- le dije divertida mientras intentaba quitarle el celular.
-¿Por qué?- preguntó él haciéndose el ofendido.
-Creéme que prefiero volver a mi casa, antes que tener que pasar una noche cerca de Sara-.
El comenzó a reírse y lo fuminé con la mirada.
-¿Celosa?- bromeó tomándome la mano y luego la besó.
Me sonrojé.
-Claro que no, simplemente no me cae bien- mentí.
En realidad no me caía bien, pero si estaba demasiado celosa, y por nada del mundo lo admitiría.
Su expresión derivo automáticamente a la seriedad.
-Deja a Facundo, Martina- me pidió con aquella voz aterciopelada a la que nadie podría negarse- vuelve conmigo, por favor... -.
-Yo... no sé- vacilé. Si dejo a Facundo no quiere decir que vaya a volver contigo- le advertí y el arqueó una ceja.
-¿Por qué? ¿me amas?- repitió por milésima vez.
-Sabes que sí-.
-Entonces dime por qué- inquirió mirándome fijamente sin oportunidad de desvíar la mirada.
-Tengo miedo, Jorge. Cuando te tengo cerca no pienso racionalmente- admití avergonzada- y tú no ayudas en nada con las cosas cursis que me dices- el carcajeó-. No puedo dejar a Facundo así como así, quizá te duela ésto, pero lo amo... es posible que no como lo amaba antes. Las cosas han cambiado bastante, pero de todos modos él ha hecho mucho por mí, y sería muy desagradecido de mi parte dejarlo así sin más... -.
-¿Y en qué estamos ahora? Martina, ¿por qué me besas si luego vas a decirme esto? ¿Para qué me ilusionas si luego te arrepentirás?- preguntó frunciendo el ceño.
Él tenía razón y yo lo sabía. Me sentía maldita y miserable. No tenía la menor idea de lo que tenía que hacer.
-Lo lamento- murmuré. -No quiero herirte,... debo controlar más lo que digo...- dije más para mí misma- ya no sé que hacer, Jorge-.
-Cariño, ya no quiero presionarte. Sonará putamente cursi pero escucha un poco a áquel órgano que tienes allí dentro- dijo con un dedo sobre mi pecho.
-Tú siempre tan sutil- le respondí quitando su mano de mi seno.
Ambos reímos y luego pasó lo de siempre.
Me perdí en sus ojos y olvidé lo que iba a decir.
El sonrió y yo me sonrojé desvíando la mirada.
-¿Qué hay de Sara?-.
Jorge se puso tenso y luego suspiró.
-Bien... ella... no lo sé. Luego de que te fueras... -empezó con un tinte nostálgico en su voz- dejé la universidad -admitió avergonzado- supongo que eras lo único que me mantenía conectado a la tierra, y tu huída sólo me hizo dejarlo todo... -.
Me sentí como la más miserable rata en el mundo. Probablemente si Jorge seguía hablando terminaría llorando, y en sus brazos rogándole perdón. ¿Pero quién tenía la culpa en ese asunto? Ambos eramos el problema.
-Nunca me había vuelto tan dependiente de alguien, desde mi madre... -continuó en broma y yo le entregué una sonrisa triste- volví a mi casa, y luego de unas semanas, decidí que no te perdería tan fácil,... prácticamente interrogué a Franchesca y a Marco, y a cualquiera que haya tenido contacto contigo. Psicópata, lo sé... -los dos reímos y yo estreché su mano-. Ninguno me dijo nada, y supuse que estaban confabulados contigo, por lo que le pedí a los directivos de la universidad, que me dieran tu nueva ubicación-. Suspiró como si estuviera recordando algo- ellos me dijeron que tu habías hecho la transferencia a otra Universidad pero sin dar detalles de a cuál te transferirías. Y que aunque tuvieran esos datos, no podrían dármelos por cuestiones de seguridad. Revisé todos los vuelos del día en que te marchaste, pero no tenía ni siquiera idea de que aerolínea habías escogido, por lo que empecé en el Aeropuerto Internacional de Londres.
«Desgraciadamente, él mismo día en el que tú te fuiste, hubo cuarenta vuelos distintos a diferentes partes del mundo. Aunque la mayoría estaban dentro de Europa, había algunos destinados a América del Sur, y otros lugares.
«Finalmente, cuando creí estar volviéndome loco, contraté un detective. Recuerdo que esa misma tarde antes de reunirme con el hombre, me topé con Francisco. Me dijo que no te buscara, que yo te había lastimado, y que no quería volverme a ver cerca de tí.
Me enfadé y le pregunté quién diablos era para meterse en nuestros asuntos. Aun guardaba rencor por lo sucedido en mi cumpleaños. Incluso llegué a pensar que el asunto de Caroline lo había planeado él.
Ahora entiendo que sólo era una actitud de hermano sobreprotector -bromeó y yo sólo me limité a asentir- lo último que me dijo Francisco fue que tú estarías mejor sin mí... Al principio lo ignoré, pero luego de unos cuantos días de pensarlo, supe que tenía razón.
«Yo te había lastimado demasiado, y si te seguía sabía que me odiarías el resto de tu vida. Por lo que luego de dos meses en casa de mi madre, le pedí a mi padrastro que me diera un empleo en la sucursal de su empresa, en Canadá.
Mis días consistían en una monótona rutina y algunos amigos que tenía allí me decían que yo ya no era el mismo.
Una tarde, me llamó Sara. Ella y yo ya nos conocíamos, ya que fue mi primer gran amor de la secundaria - casi me retorcí de celos en mi asiento. El sólo sonrió- fue una época de ingenuidad, luego me dí cuenta de lo patético que fui. Ella era una zorra jugando con mis sentimientos. Así que me causó gracia cuando volvió a mí- rió, intenté acompañarlo, pero hablar del tema no me agradaba- y finalmente, después de un año sin verte, empecé a salir con ella. Era mi distración y se le daba bastante bien... -dejó un silencio suspensivo como dando a entender que probablemente se había acostado con ella un centenar de veces.
Lo que me molesta es que ella se ha tomado todo éste asunto muy enserio. Desde que me enteré que volvías he intentado cortar todo de raíz con ella pero... -.
-Un momento- lo interrumpí curiosa- ¿cómo que desde que te enteraste que iba a volver? ¿quién te lo dijo?-.
Por primera vez en la vida, lo noté sonrojarse y ponerse nervioso. Supuse que fue porque se le había escapado algún detalle que no debía decirme.
-Dilo- le exigí.
-Yo... bueno... -.
-Dilo- repetí.
-Bien... una vez que viajé a Londres para visitar a mi familia, me encontré con Franchesca en la tintorería, ella me dijo que... me ayudaría a que tú vuelvas. Pero que no iba a decirme dónde te encontrabas. Esa fue la última vez que la ví, ya que luego sólo nos comunicábamos por celular. Cierta vez mencionó que no podía volver a encontrarse conmigo, no sé porqué... -dijo confundido.
-Por eso Franchesca debe haberse encontrado tan distante... -me dije- si se comportaba natural probablemente abriría su bocota y desembucharía toda la historia- adiviné.
-Ha estado muy rara desde que me ayudó- dijo Jorge- no lo sé. Me enteré por Diego, que lo dejó. No tengo la más mínima idea de porqué ha cambiado tanto-.
(...)
-¿Estas seguro que puedo quedarme aquí?- le pregunté por centésima vez al moreno.
-Por supuesto, cielo. Pero ya... ¿qué sucedió?-.
Suspiré pesadamente, y le conté toda la historia de áquel fatal día.
El me observaba con una mezcla de asombro y pena.
-Lamento lo de tu padre- me abrazó por los hombros y hundí la cara en su pecho.
Sólo con recordarlo, volvía a sollozar. Y pensar que él me había dejado hace unas cuantas horas atrás.
-Ya, no hablemos de ello- le pedí.
-Estoy sorprendido, nunca imaginé que Francisco sería tu... -.
-Marco- lo interrumpí- cállate por favor-.
El rió y me arrojó una almohada.
