Thaile
Llegamos al edificio de la ACCIA (Agencia de Control Criminal de Inteligencia Americana), una subdivisión encubierta del Departamento de Justicia. Oficialmente, se dedican a rastrear y neutralizar amenazas de alto nivel: redes de tráfico, crimen organizado, terrorismo interno. Pero en sus sótanos, en la parte del edificio que nunca sale en los informes, es donde usan a agentes como yo.
Los que hacemos el trabajo sucio cuando el sistema tradicional se queda corto.
No, no se trata de asesinatos extrajudiciales. Al menos no en los papeles. Nos dan libertad operativa total para actuar en "ambientes hostiles". Lo que ocurra allí... rara vez queda registrado.
Respiro hondo al entrar. El aire tiene ese olor institucional que nunca se va: mezcla de papel húmedo, café barato y el desinfectante que usan para limpiar más que mugre.
—Hogar, dulce hogar —susurro mientras mis tacones marcan un eco firme en los pasillos.
Agentes en trajes sobrios se cruzan sin saludar, enfrascados en informes y pantallas que parpadean con datos clasificados. Algunos pasantes parecen al borde del llanto, aplastados bajo el peso de sus primeras asignaciones reales. El caos suena a teléfonos, a teclados. A secretos.
Zhang no pierde el tiempo. Me toma del brazo con esa brutalidad contenida que lo caracteriza y me arrastra por uno de los corredores del ala este.
La sala de interrogación es igual a como la recordaba: paredes de hormigón desnudo, luces parpadeantes y esa mesa metálica fría que conocía tan bien. Las sillas chirrían como si protestaran por el peso de las verdades que se han dicho aquí.
—Siéntate —ordena. Yo me dejo caer con displicencia, cruzando las piernas como si estuviera en un mal café y no en el vientre de la bestia —Aguarda aquí.
Él es el general de la ACCIA, el segundo al mando en la institución. Cuando me reclutó, era un agente más con una amplia trayectoria en busca de su ascenso.
Zhang se demora unos minutos, pero cuando regresa, tira mi placa sobre la mesa como si fuera una acusación. Brilla bajo la luz sucia. Mi antigua identidad, grabada en metal.
—¿Crees que te la mereces? —escarba su voz, casi una amenaza.
—Dímelo tú —respondo, sin molestarme en levantarla. Observo mis uñas con indiferencia, como si el mundo no estuviera ardiendo a mi alrededor.
—¡Por supuesto que no! —estalla—. ¡¿Qué demonios te pasó por la cabeza, Thaile?! ¿Robar nuestros datos? ¿Desaparecer? ¿Simular tu muerte como si nada? ¡Traicionaste a toda una unidad!
—¿Y tú esperabas otra cosa? —levanto la mirada, afilada como un bisturí—. Me entrenaron para infiltrar, mentir, sobrevivir. Solo seguí las reglas. A mi manera.
Él lanza una patada a la silla vacía frente a mí. Rebota contra la pared con un golpe hueco.
—Sabía que estabas haciendo tus propios movimientos... pero jamás pensé que te atreverías a romper el juramento.
—¿Ah, sí? —me inclino hacia él con los ojos entrecerrados—. ¿Y qué jodido juramento rompí? ¿El que decía que ustedes protegerían a los míos? Mi padre murió sin ver a su hijo en libertad y nunca encontraron a mi madre o a su maldito cuerpo.
—¡Era tu hermano, no un activo! —grita—. ¡No podíamos intervenir!
—¡Sí pudieron! —mi voz quiebra el aire como un látigo—. ¡Y no hicieron nada! ¡Lo dejaron solo! ¡Lo entregaron a los mismos cabrones que ahora me piden cazar!
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Tras de ti
Misterio / SuspensoElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
