Thaile
La alarma suena con una estridencia cruel, sacándome de un sueño inquieto. Me despierto con el cuerpo adolorido, cada músculo recordándome la intensidad de la tarde anterior. La habitación aún huele a deseo, a sudor y a algo más primitivo. A él.
Respiro hondo, obligándome a moverme. No puedo permitirme el lujo de quedarme quieta. No aquí. No ahora. Me ducho en silencio, intentando borrar su tacto de mi piel, aunque en el fondo no quiero. Me visto con la misma precisión con la que cargo un arma: con frialdad, con rutina, ocultando cada rastro de lo que pasó. Pero el ardor entre mis piernas y las marcas en mi cuello me traicionan.
Mientras me cepillo los dientes frente al espejo, escucho la voz de una funcionaria resonar en el pasillo:
—Correspondencia de última hora de ayer, señoritas.
Las internas se agitan con emoción. Kenny casi brinca de su litera cuando le entregan un sobre manila. Lo abre y saca un par de dibujos infantiles, torpes pero llenos de amor. Sonríe como si el mundo fuera más amable de lo que es. Perica y Barbie también reciben cartas. Las leen con avidez, intercambiando risitas, como adolescentes en un campamento y no en una maldita cárcel.
Yo, en cambio, no espero nada. Nadie me escribe. Nadie me busca.
Por eso me sorprende cuando una custodia se acerca a mí, con una caja negra, elegante, de cartón acartonado, con el distintivo logo de Victoria's Secret grabado en dorado.
Alguien lo ha tachado y ha escrito encima, con una caligrafía perfecta:
"Madame."
Frunzo el ceño.
—¿Y eso? —pregunto, apartando el cepillo del lavamanos.
La funcionaria se encoge de hombros, pero sonríe con malicia contenida.
—No lo sé... aunque parece que son flores. ¿Por qué no abres la caja y lo averiguas?
El sarcasmo se mezcla con la intriga. Miro la caja como si pudiera explotar. Finalmente, la abro.
Y entonces, lo veo.
Una decena de conjuntos de lencería. Finos, caros, provocativos. Encajes negros, bordados carmesí, telas casi translúcidas. Conjuntos bordados a mano, encajes con incrustaciones de diamantes diminutos, seda importada de Kioto teñida con pigmentos naturales, costuras rematadas en hilo de oro blanco. Cada pieza está numerada.
Cada una, una obra de arte íntima
Son piezas diseñadas no para vestir, sino para dominar, para seducir, para rendirse y controlar al mismo tiempo.
Entre ellos, reposa una pequeña tarjeta negra. Letras doradas, pulso firme:
"Ya me imaginé cómo te quedarían mientras hablaba con la prensa.
Con mucho odio, Marc."
Un sobre más grande la acompaña. Dentro hay un contrato sellado, proveniente de Maison de Lune, una casa de diseño francesa que solo acepta comisiones personalizadas para figuras de la realeza y multimillonarios anónimos. El contrato está firmado por su director creativo, con una cláusula de exclusividad brutal:
"Las piezas de la colección Madame han sido confeccionadas en un lapso intensivo de 14 horas continuas, por un equipo de siete artesanos de alta costura, convocados de emergencia bajo confidencialidad absoluta.
Se emplearon materiales raros y técnicas reservadas únicamente para alta costura ceremonial.
Valor estimado: 6.4 millones de euros.
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Tras de ti
Misteri / ThrillerElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
