Thaile
Por fin llegó el gran día.
Me despierto antes de que el primer rayo de sol toque el horizonte, el pulso bombeando fuego puro en mis venas. No hay lugar para el error hoy. Solo para la perfección. Solo para él.
Me visto en ropa deportiva negra y tenis tácticos, cada fibra de mi cuerpo entrenada para moverse con precisión mortal. Cargo en mi cinturón todos los dispositivos que necesito: hacktools en miniatura, armas no letales, llaves maestras. Este no es un asalto común. Es mi obra maestra.
Antes de salir, conecto mi laptop a la red de seguridad urbana y en menos de un minuto, saturo el sistema de tráfico local con falsas alertas de accidentes. El resultado: rutas bloqueadas, patrullas desviadas. Mi lienzo queda preparado.
Arranco el sedán clásico y conduzco sin prisa hacia el distrito elegante donde la elite espera una boda perfecta. No saben que están a punto de asistir a una ceremonia muy distinta.
Estaciono a unas cuadras del lugar donde se celebraría. Desde mi retrovisor, veo acercarse la camioneta blindada del senador, escoltada discretamente. Son buenos... pero no mejores que yo.
Hackeo su convoy en tiempo real: anulo las comunicaciones de radio, desactivo los cierres automáticos, y sobrecargo los sensores internos de la camioneta, cegándolos momentáneamente.
Entonces acelero.
Mi coche derrapa en la intersección, bloqueando su paso con una precisión quirúrgica. El tráfico se detiene abruptamente. La confusión es mi aliada. La ciudad misma me cubre.
Salgo del vehículo en un movimiento fluido, taser en mano. El guardaespaldas de Marc reacciona con reflejos entrenados, pero demasiado tarde: el electroshock lo impacta en el cuello, tirándolo al suelo como un fardo tembloroso.
Le quito el arma y, con la otra mano, inserto una llave USB especial en su radio caído. En segundos, el sistema de seguridad de la camioneta cree que están bajo ataque químico: protocolos internos bloquean todas las puertas salvo la trasera, aislándolos.
Sonrío. Juego de reinas.
Camino hacia la parte trasera.
Golpeo el vidrio con los nudillos.
Dos, tres golpes secos.
Como un llamado de ultratumba.
El vidrio baja, revelando esos ojos azules que alguna vez me ataron a este infierno.
Marc me mira: incredulidad, miedo, y algo peor aún... reconocimiento.
Mi corazón late tan fuerte que casi me duele, pero mi rostro permanece sereno.
Me inclino hacia él, mi aliento empañando el vidrio.
—Bonjour, chérie —susurro, en un tono cargado de veneno y nostalgia—. Bájate... o te bajo yo.
El senador duda. Idiota.
Saco otro dispositivo de mi cinturón, un bloqueador de señal portátil. A su alrededor, toda comunicación, todo GPS, toda esperanza, muere en un radio de cincuenta metros.
—Última oportunidad, chérie.
Le dedico una sonrisa peligrosa mientras un enjambre de drones invisibles, controlados desde mi teléfono, empiezan a orbitar discretamente sobre nosotros, listos para enturbiar aún más la escena si alguien se acerca demasiado.
Marc sabe que está vencido.
Abre la puerta.
El mundo entero puede esperar. Hoy, él es mío.
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Tras de ti
Mystery / ThrillerElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
