Thaile
Sigo intentando comunicarme con mi cliente. El silencio del otro lado es ensordecedor. Cada intento fallido añade una capa más de desesperación que se pega a mi piel como sudor frío. El rastreador en mi pantalla parpadea erráticamente, como si también estuviera perdiendo la fe. He roto todas mis reglas. Me he desviado del protocolo, he desnudado mis defensas por un solo propósito: saber quién me contrató para matar al único hombre al que no debería haber tocado.
Y ahora, el tiempo ya no juega a mi favor.
El timbre suena, cortante, urgente. Me congelo. No espero a nadie. Mi respiración se entrecorta. El segundo timbrazo viene acompañado de un golpe contra la puerta.
—¡Sé que estás aquí!
Su voz. Cruda. Desgarrada.
Mi corazón tropieza en mi pecho.
Me acerco con pasos medidos, cada uno más tembloroso que el anterior. Abro. Y ahí está.
Marc.
Empapado en sudor, con el rostro desencajado, los ojos enrojecidos, una mezcla de furia, decepción y algo aún peor: dolor. El tipo de dolor que no se puede fingir. El que viene de una traición demasiado íntima para tener nombre.
—Chérie... —susurro, y mi voz se rompe como vidrio fino.
Él entra sin pedir permiso. La energía que lo rodea es violenta, magnética, letal. Su pecho sube y baja con dificultad. La rabia es un fuego vivo bajo su piel.
—Solo te lo voy a preguntar una vez —su voz es grave, rasgada—: ¿Qué tienes que ver con la ACCIA?
El mundo se detiene. La habitación parece inclinarse. Mi corazón se estrella contra mis costillas.
—Nada... —balbuceo, aunque sé que suena patético incluso para mí—. No sé de qué estás hablando...
Pero él ríe. Una risa breve, rota, que no tiene rastro de humor.
—¿Entonces quién es la agente Dubois? —sus palabras cortan el aire como cuchillas—. ¿O prefieres que te diga Madame... como en tu perfil de la dark web?
Mis piernas se aflojan. No hay escapatoria. Lo sabe. Lo sabe todo.
—Marc... —trato de acercarme, de tocarlo, de explicar lo inexplicable, pero él da un paso atrás como si mi piel quemara.
—¿O te sigo llamando Lena? —su voz se quiebra, y sus ojos, esos ojos que una vez me miraron como si yo fuera su salvación, ahora me atraviesan como si fuera su castigo—. Dime quién diablos eres. ¿Quién eres, Thaile?
El silencio entre nosotros es absoluto. Una tensión cargada, pegajosa, peligrosa.
Yo soy la asesina que le prometió amor con la misma boca con la que susurró su sentencia de muerte.
La mujer que tocó a su hija con manos que han matado.
La sombra que se deslizó en su cama mientras planeaba su final.
Y sin embargo, él fue la única variable que no pude controlar.
No sé si correr hacia él o dejarlo ir. No sé si arrodillarme o sacar mi arma. Lo que sí sé... es que lo que me está mirando ahora ya no es el hombre que una vez me deseó.
Es el hombre que puede decidir si muero hoy.
—¡Habla, maldición! ¡Dime quién carajos eres!
Sus gritos me sacuden como un látigo, pero entonces... el sonido de su furia se apaga. Marc se tambalea. Y cae.
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Tras de ti
Mistério / SuspenseElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
