ARCHIVO 043

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Thaile

El aire se vuelve plomo en mis pulmones. Cada respiración es un espasmo, una guerra entre el instinto de supervivencia y el deseo de desaparecer. Mi pecho sube y baja de forma errática, como si mi cuerpo intentara deshacerse de la verdad que acaba de implantarse en mí como una maldición.

No. No puede ser. No es.

Las palabras de Shun retumban en mi cabeza como disparos. Me niego a dejar que se asienten. Me niego a permitir que tomen forma dentro de mí. Mi cabeza sacude sola, como si así pudiera arrancarlas. Como si negar fuera suficiente para reescribir la realidad.

—Tranquila... todo estará bien... —dice Shun con una voz rota, más temblorosa que la mía.

Mentiroso.

Nada está bien. Nada estará bien.

—¡Para el auto! —escupo entre jadeos, el grito brotando desde un lugar tan profundo que me raspa la garganta.

—¡Deténgase ya! —ordena él al conductor con una urgencia que apenas logra disfrazar de calma.

El coche frena de golpe al borde de una carretera abandonada, el chirrido de las llantas resonando como un grito más. El silencio posterior es ensordecedor.

Abro la puerta de un empujón y salgo tambaleándome, con las piernas de trapo y la visión nublada. El aire frío me azota la cara, pero no sirve de nada. No hay consuelo. No hay oxígeno suficiente para este colapso.

Inhalo. Exhalo. Grito.

Mi cuerpo entero tiembla, y la furia me brota desde la médula. Shun baja tras de mí y se acerca. Su presencia me arde.

—Eso... inhala, exhala —dice en voz baja, extendiendo una mano hacia mi espalda, como si pudiera sostenerme. Como si yo no fuera una bomba a punto de estallar.

—¡No me toques! —gruño, y lo empujo con tanta fuerza que casi pierde el equilibrio.

No quiero su consuelo. No quiero su lástima.

—¡Dime que no es verdad! —grito con la garganta desgarrada, sintiendo el salado de las lágrimas que me inundan los ojos—. Dime que te equivocaste. Que es una broma cruel. Que no voy a tener un hijo de ese malnacido.

Shun guarda silencio.

Y ese silencio lo dice todo.

Caigo de rodillas sobre el polvo, mis manos hundidas en la tierra como si pudiera arrancar de ella una respuesta distinta. Me doblo, me abrazo a mí misma. Lloro sin vergüenza, sin medida. Sola, bajo un cielo indiferente, en una carretera vacía como mi interior.

No es un hijo.

Es una sentencia.

Un recordatorio vivo de un hombre que me amó con los dientes, que me despreció con la lengua y que me dejó con cicatrices tan profundas que ahora sangran desde dentro.

Estoy embarazada.

De Marc Turner.

Y no sé si quiero matarlo, matarme o simplemente... desaparecer.

Shun me observa, y su mirada está teñida de una mezcla de compasión y tristeza, como si, en el fondo, supiera lo que esas palabras significan para mí. Se toma su tiempo para responder, la pausa lo devora, como si no pudiera encontrar las palabras correctas. Pero al final, las suelta, y su voz se arrastra como un lastre en el aire.

—Sé lo que esto puede significar para ti, pero sí... vas a ser mamá —dice, intentando esbozar una sonrisa que le queda torcida, como si el gesto de apoyo fuera una máscara rota.

Tras de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora