Thaile
—¡Quiero que me averigües quién carajo puso la maldita cámara y el micrófono en mi despacho! —ruge Marc, su voz tronando con una rabia que electriza el ambiente. Su mandíbula está tan tensa que parece que va a romperse.
Siento que me falta el aire.
Van a descubrir que estoy viva.
—Ya estoy en eso con la servidumbre, hermano —responde Roger, mientras se acomoda la chaqueta con nerviosismo y sale casi corriendo del despacho. La urgencia le chorrea por la piel.
—¡Y que borren ese video de todo el jodido Internet! ¡Ahora! —grita Marc, y su voz reverbera en las paredes como un eco maldito.
Los hombres de seguridad —gorilas vestidos de traje con auriculares y caras vacías— siguen registrando la habitación, revisando los marcos, las lámparas, el florero de cristal que vi caer al suelo durante aquella... sesión con Marc.
Mi mente va en cámara lenta. Todo arde, pero dentro de mí. Me late el pecho como si me hubieran abierto con un bisturí.
Tranquila, T.
Dudo que se preocupen por la vida de un político estúpido.
La voz en mi cabeza me habla con ese tono sarcástico que aprendí a usar para sobrevivir.
Blanca me soba los hombros. Sus dedos tiemblan al contacto, como si intentara consolarse a través de mí. Y yo... estoy tan en shock que no puedo rechazarla. Ni moverme.
—Lo siento tanto, Lena —dice Marc con la voz más suave que le he escuchado, con esa preocupación genuina que me parte y me rompe más que cualquier traición.
¡No puedes preocuparte por mí ahora, imbécil! ¡Es demasiado tarde!
—¡Esto es inconcebible! —suelta Blanca, su voz escupiendo indignación de madre postiza—. ¿Cómo se les ocurre exponer su intimidad así?
Si supiera...
Si supiera que eso es lo de menos.
Que lo que más temo no es el escándalo, sino que el rostro que escondí durante doce malditos años ahora esté al alcance de cualquier enemigo con conexión a Wi-Fi.
—Créeme que jamás imaginé que iba a ser espiado en mi propia casa —masculla Marc, bajando la mirada como un niño atrapado con las manos en el fuego. Le tiembla la voz. No me importa.
—Tranquila, cariño, ustedes no hicieron nada que otra pareja no haya hecho —intenta consolarme Blanca, como si una follada filmada en alta definición fuera algo normal. Como si no estuviera a punto de convertirme en cadáver por segunda vez.
Agito la cabeza. Mi mente se afila como una navaja.
No solo fui espiada... alguien me está vigilando.
Yo no soy la única que ha estado observando.
Y quien sea que haya hecho esto...
Voy. A. Matarlo.
—No tienes nada de qué preocuparte —intenta decir Marc, acercándose un paso, pero su ternura me cae como sal en la herida.
—¿¡Que no tengo nada de qué preocuparme!? —exploto, con una carcajada ahogada de furia y terror—. ¡Hay un maldito video de nosotros cogiendo en Internet y en todos los putos noticieros nacionales!
—Lo sé, pero...
—¿Sabes qué? Ahora entiendo por qué Charlotte hizo bien en despedirme —lo fulmino con los ojos—. No solo soy una amenaza para ti, soy una bomba. Y tú, Marc Turner, fuiste estúpido al encender la mecha.
Luego volteo hacia Blanca. Me mira como si no supiera si abrazarme o abofetearme.
—Ni tú ni él pueden ayudarme —le digo con la voz hueca—. Y no necesito que lo intenten.
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Tras de ti
Mistero / ThrillerElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
