ARCHIVO 068

12.2K 748 20
                                        

Thaile

—¿Thaile? —La voz de Shun retumba en mi cabeza, distorsionada por el zumbido agudo de las sirenas que rodean la mansión. Las luces intermitentes se filtran a través de mis párpados entumecidos. Mi cuerpo apenas reacciona, pesado como el plomo.

—Vamos, carajo, despierta —insiste, palmeando mi rostro con más fuerza.

El mundo gira, distorsionado, como si estuviera bajo el agua. Logro entreabrir los ojos: el techo tiene molduras doradas, y el aire huele a madera antigua y perfume caro. Estoy en una de las habitaciones de huéspedes. Mi mente parpadea, fragmentada... la laptop, el chat en la web oscura, Alice... su risa venenosa. Luego la aguja. El veneno.

—Te drogó —me dice Shun con la mandíbula tensa, alzándome con un cuidado feroz y depositándome sobre una cama. Se inclina hacia mí, sus manos frías sobre mis mejillas. —Estás viva de milagro. Inyectó una dosis baja. Quería mantenerte inconsciente, no matarte... no todavía.

—El brindis... —murmuro. Mis labios apenas pueden articular las palabras.

—Sí —afirma, su voz teñida de rabia contenida—. Lo sabíamos en cuanto interceptamos la última transmisión del chat cifrado. Ella dejó rastros. No es tan lista como cree. Encontramos cianuro en las botellas que estaban a punto de servir. Aún no entiendo cómo consiguió sustituirlas... pero hay algo más.

Me obligo a incorporarme, tambaleándome. El dolor me martillea el cráneo.

—¿Qué más?

Shun titubea, como si no quisiera decirlo. Luego suspira.

—Tiene a Marc.

Mi estómago se hunde.

—¿Qué?

—Entró en el salón poco antes del brindis. Nadie notó nada extraño hasta que sacó el arma. Lo encerró con Roger, Blanca y el resto de invitados en el comedor principal. Todos están atemorizados, retenidos por los guardaespaldas que ella manipuló desde dentro.

—¿Y las mucamas?

—Algunas colaboraron con ella —dice con amargura—. Las demás están declarando. Parece que Alice las chantajeó... o las compró.

Un altavoz ruge desde afuera:

—¡Alice Miller, estás rodeada! Libera a los rehenes y entrégate. No tienes escapatoria.

Mi corazón late con fuerza, como si quisiera escapar de mi pecho.

—Tiene un plan, Shun. Esto no es sólo una venganza contra los Turner. Es algo más.

—Sí. Lo que sea que haya planeado, no se trata solo del ácido, ni de ti, ni siquiera de Marc. Tiene un manifiesto —me muestra la pantalla de su teléfono—. Lo publicó hace diez minutos en foros clandestinos: "Hoy se apagan las máscaras. Hoy cae el imperio Turner. Y lo haré desde dentro. Porque mientras ustedes brindan con oro, yo brindé con sangre. Esta es mi redención."

Trago saliva. No solo está loca... está herida. Herida de un modo que la vuelve peligrosa.

—Va a matarlos a todos —susurro—. Y luego va a matarse a sí misma para convertirse en mártir.

Shun asiente.

—Y lo peor es que ya hackeó las cámaras del lugar. Está transmitiendo todo. En vivo.

Mi visión se aclara como si la adrenalina despejara el veneno.

—Tengo que entrar.

—Thaile...

Tras de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora