Marc
Nuestro bebé duerme profundamente, su pequeño pecho subiendo y bajando con cada respiración tranquila.
Ella —mi mujer, mi sombra, mi vida— acaricia su cabeza con tanta ternura que duele verla.
Y me escucha. Cada palabra. Cada herida.
Como si estuviera lista para cargar también con mis demonios.
—¿Y por qué crees que quiera matarte? —su voz es suave, pero firme. No teme a las respuestas.
Me paso una mano por el cabello, la garganta seca, la culpa desgarrándome las entrañas.
—No tengo idea, Chérie... —mi voz apenas es un susurro, un lamento entrecortado—. Sé que tuvo una aventura con papá. Yo mismo los descubrí. Pero no entiendo por qué querría destruirme a mí.
Ella no dice nada. Solo sigue acariciando a nuestro hijo, pero la tensión en su cuerpo me dice que está absorbiendo cada palabra como si fuera un veneno necesario.
Los recuerdos regresan, violentos, afilados.
Yo era un niño. Apenas cinco años.
Y aún así, la imagen está tatuada en mi memoria, como un crimen sin castigo.
Mamá estaba enferma. Vomitaba todo el tiempo, demasiado débil para levantarse. Papá decía que era normal, que el embarazo la hacía más sensible.
Pero yo sabía que algo andaba mal.
Ella lloraba cuando pensaba que yo no la escuchaba.
Recuerdo correr por los pasillos de la casa, descalzo, buscando a mi padre.
Quería pedirle que ayudara a mamá.
La puerta de su despacho estaba entreabierta.
La curiosidad infantil me hizo empujarla.
Y entonces los vi.
Alice.
La perfecta, dulce, servicial Alice.
Encima del escritorio de mi padre, con la falda levantada, su rostro retorcido en un gemido de placer.
Mi padre... jadeando debajo de ella, sus manos aferradas a su cintura.
El mundo se detuvo.
El tiempo se quebró.
—¡Marc, vete! —gritó Alice, su voz histérica, los ojos desorbitados de vergüenza y furia.
Corrí.
Corrí hasta que me ardieron los pulmones.
Hasta que el vómito me subió a la garganta.
Hasta que entendí que el amor no era seguro.
Que incluso los que decían quererte podían destruirte sin pensarlo dos veces.
Frente a mí, ella —mi compañera de sangre y cicatrices— alza la vista. Sus ojos buscan los míos, y algo en su mirada promete que mi dolor no será en vano.
—¿Qué pasó después? —pregunta, su voz apenas un murmullo.
Trago saliva, luchando contra la marea de rabia que amenaza con consumirme.
—Intentaron ocultarlo —escupo las palabras—. Papá me compró juguetes, me llevó de viaje, Alice me regalaba dulces, cuentos... todo para hacerme olvidar. Pero no funcionó. Cada vez que la veía, la veía ahí. Encima de mi padre. Y mamá... mamá nunca supo. Siguió amándolos a ambos hasta el día en que murió.
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Tras de ti
Mystery / ThrillerElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
