ARCHIVO 038

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Thaile

Esta vez me trasladan al patio, un espacio gris y monótono donde las reclusas se agrupan en pequeños círculos. Algunas juegan cartas en el suelo, otras hacen ejercicios o simplemente conversan. Pero por las miradas que me lanzan, sé que soy el centro de su atención, el tema de conversación del día. Algo en el aire se siente distinto, más pesado, como si todos estuvieran esperando que algo estallara.

—Hey, reinita, por aquí —me llama Barbie, sentada en unas gradas de concreto con la pintura desgastada, rodeada de sus secuaces que se besuquean sin pudor, como si el mundo fuera su privado.

Las otras chicas me miran como si acabara de llegar una amenaza, pero Barbie es diferente. Le gusta provocarme, le gusta ver cómo reacciono. Y yo, a mi manera, disfruto el juego.

Con las manos en los bolsillos, camino hacia ellas con paso seguro, pero el nudo en mi estómago no desaparece. Es algo extraño... como si todo se estuviera tornando borroso. No sé si es por las visitas de hoy o porque llevo horas sin comer, pero algo no está bien. Me siento rara, como si estuviera atrapada en una niebla que no puedo disipar. Quizás es el cansancio. O quizás sea algo más, como anemia.

—¿Quién vino a ver a la reinita? —se burla Perica, con una sonrisa maliciosa, sin saber que su juego me parece tan vacío como su actitud.

—No te importa —le respondo en el mismo tono desafiante, mi voz más baja de lo habitual, casi susurrada. No me siento como siempre.

Algo me está apretando por dentro, como si fuera incapaz de respirar con normalidad.

—¿Alguna tiene un cigarrillo? Me urge uno.

—Yo tengo, pero te va a costar. Aunque, por ser tú, me lo puedes pagar con un buen polvo —insinúa Barbie.

Ella se levanta de las gradas y me agarra de la cintura, atrayéndome hacia ella con una sonrisa que roza lo siniestro. Sus dedos se clavan en mi piel, y yo, como siempre, juego a mantener la calma, pero el contacto me hace sentir... rara. Como si estuviera en otra realidad.

—¿Te vas a poner así? ¿O vas a ser buena y hacerme el favor? —insinúa con voz dulce y peligrosa, acercándose demasiado, como si esperara que sucumbiera al juego de la dominación.

La odio, pero también... deseo destruirla. Es un pensamiento extraño, uno que no encaja con mi forma de ser, pero que lo siento con una claridad mortal. Como si una parte de mí estuviera buscando salir, buscando hacer algo más que responder. Reventar todo lo que me rodea.

—Lástima, no tengo dinero, y si te pago con un polvo, te endeudarías conmigo, porque valgo mucho más de lo que cobras —le respondo, apartándola con un empujón suave pero firme. La empujo lo suficiente como para que me suelte.

—Qué arisca, pero así me gustas más. Toma —Barbie saca una cajetilla de cigarrillos, me lanza una mirada llena de desafío, y luego me ofrece uno con una sonrisa cruel—. Te lo ganaste solo por tu linda cara.

Me muero por darle una bofetada, por retorcer su cuello, pero no lo hago. En lugar de eso, tomo el cigarro con la mano temblorosa, el sabor a nicotina prometiéndome una tregua en este caos dentro de mí. Me lo llevo a los labios con una necesidad que no entiendo, y Kenny me ofrece fuego con su encendedor. El primer respiro me golpea con fuerza, y siento que un peso se aligera, aunque solo sea por un momento.

—¿Todo bien, reina? —pregunta Barbie, mirando de cerca mi rostro, sus ojos entrecerrados con curiosidad.

No sé qué contestarle. No sé qué me está pasando. ¿Será el estrés de las visitas? O tal vez el hambre está comenzando a hacerme ver cosas que no son.

Tras de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora