ARCHIVO 054

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Traté de manejar las acciones de este cap lo mejor que pude, si has pasado algo similar que nuestra Cheríe, lo lamento muchisimo 💜

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Narrador omnisciente

24 horas de cuarentena

El calor sofocante había cedido ligeramente, pero la sed y el hambre seguían royendo a Thaile como bestias invisibles. Los músculos de sus brazos, entumecidos y doloridos, ardían a cada mínimo movimiento. Y la oscuridad, densa y opresiva, parecía dispuesta a devorar lo que quedaba de su voluntad.

Sin embargo, no era el dolor físico lo que más la quebraba, sino los sonidos.

Rasguños. Chillidos agudos. Ratas merodeando en la negrura, o quizá solo en su mente, deformada por el encierro. Se mantenía acurrucada en un rincón, tensa como un animal herido, temiendo que en cualquier instante algo se arrastrara sobre su cuerpo vulnerable.

De repente, un estallido lejano: detonaciones, ráfagas de disparos que perforaron el silencio con brutalidad. Su corazón se detuvo, su aliento quedó atrapado en su garganta. Cuando recuperó el control de su cuerpo, comprendió que eran ecos, sombras sonoras de un mundo exterior que ya no le pertenecía.

La puerta chirrió lentamente, rompiendo la oscuridad con un haz de luz enferma.

Allí, recortada contra el marco, estaba Barbie, vestida como una pesadilla de terciopelo y rencor, con una sonrisa torcida en los labios pintados de rojo carmesí.

Al ver a Thaile encogida, tapándose los oídos, temblando como una niña perdida, soltó una carcajada baja y venenosa.

—Qué lástima, reinita —murmuró, dejando caer un plato frente a ella con un golpe seco.

El hedor nauseabundo de las croquetas de perro golpeó a Thaile como una bofetada. Sintió el estómago retorcerse, pero se obligó a tragar el impulso de vomitar. No les daría ese placer. No les daría nada.

—Esto te lo has ganado por jugar a ser lista —añadió Barbie, paseándose lentamente de un lado a otro, sus tacones altos resonando en el suelo como campanadas de una sentencia.

Cada palabra era un veneno destilado. Cada paso, una amenaza latente.

—Espero que esto les enseñe a los tuyos que no se jode con nosotros.

Thaile, débil pero invicta, se obligó a incorporarse, cada fibra de su ser gritando en protesta. Alzó el mentón, digna incluso en la ruina, los ojos ardiendo de furia.

—Saldré de aquí —dijo, su voz rasgada pero firme—. Quizá no hoy. Quizá no mañana.

Pero saldré.

Y cuando lo haga, tú y tu maldito hippie van a rogar que los deje morir rápido.

Por un instante, algo cruzó por el rostro de Barbie: un destello de molestia, de rabia apenas contenida. Luego volvió a sonreír, esa sonrisa cruel que prometía dolor disfrazado de diversión.

Se agachó con languidez felina, tomó un puñado de las croquetas del suelo y se acercó a Thaile.

—Come, perra —gruñó con una dulzura grotesca, restregándole la comida podrida contra la cara.

El asco golpeó a Thaile como un látigo, pero se mantuvo inmóvil. No cedería. No gritaría. No lloraría.

Cuando Barbie, aburrida de su juego, se incorporó para alejarse, Thaile, temblando de repulsión y furia, le escupió en la cara.

Tras de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora