Thaile
Me arreglo con cuidado, con la precisión de quien ha preparado un disfraz que debe ser perfecto. El vestido turquesa tiene un cuello cuadrado que realza las clavículas y deja al descubierto lo suficiente como para provocar, pero no para escandalizar. El maquillaje es suave, casi inocente, salvo por el rojo oscuro en los labios, como una advertencia disfrazada de elegancia. El perfume, caro y persistente, deja un rastro dulce y venenoso.
Antes de salir, dejo instrucciones claras a Nico. Aunque sea un niño, sobrevivió a cosas que harían temblar a muchos hombres.
—No te desveles —le ordeno, ajustándole el cierre del abrigo—. Puedes usar mi cama si lo necesitas.
Él asiente y me lanza una sonrisa que no llega a los ojos. Anoto mentalmente que debo preparar su habitación. A veces olvido que este juego de sombras que vivo también arrastra a otros.
Marc llega puntual. Por supuesto. Él no es de los que hacen esperar. El traje que lleva le queda como una segunda piel, y aunque sonríe al verme, hay una sombra en sus ojos. Cansancio, preocupación... o culpa.
—Seré la envidia de la noche —dice al besar el dorso de mi mano, con una galantería que no me engaña.
—Oh, yo no me quedaré atrás. Estoy segura de que causaré celos en más de una con mi compañía —respondo, la voz baja y sedosa, mientras subimos al coche blindado.
La seguridad que nos rodea es evidente. El chófer no es un chófer; lo reconozco por la postura, por el auricular disimulado. Hay otro auto delante, uno detrás. Los cristales polarizados, la ruta alterna que toman. El protocolo es claro: Marc Turner es un objetivo.
Y esta noche, yo soy su talón de Aquiles.
Durante el trayecto, su mano se posa sobre mi pierna, el pulgar trazando una línea lenta que sube peligrosamente. Sus gestos son medidos, pero la tensión sexual vibra como una cuerda a punto de romperse. Su perfume me invade, mezcla de madera y poder, y me recuerda las veces que su cuerpo se quebró contra el mío.
No es el momento. Pero quiero que lo sea.
Llegamos al evento, y el edificio brilla como un templo erigido para la élite. El salón, decorado con columnas doradas y luces tenues, tiene el aire decadente de un casino de lujo. Afuera, la prensa espera como buitres hambrientos, y la seguridad se intensifica. Agentes encubiertos, cámaras de reconocimiento facial, perros entrenados para detectar armas y explosivos. La Sombra se aseguró de que cada ángulo estuviera cubierto. Aun así, siento el peligro en el aire como electricidad estática.
Bajamos del coche, y los flashes comienzan de inmediato.
Ya todos saben quién soy, o al menos lo que creen que soy.
—¡Lena! ¡Señor Turner! ¿Cómo se sienten tras los últimos días?
—¿Es esta gala una señal de que la campaña sigue fuerte?
—¿Han considerado comprometerse oficialmente antes de las elecciones?
Marc no contesta. Me ofrece el brazo y yo lo tomo con gracia, clavando una sonrisa perfecta en los periodistas como si nací para esto.
—Buenas noches. Soy Lena Mitchels —digo con voz segura—. Acompañar al señor Turner esta noche es un honor. Él es un hombre admirable, íntegro... y muy querido por quienes lo conocemos de verdad.
No necesito mirar a Marc para saber que está orgulloso. Lo siento en cómo se tensa su brazo bajo mi mano, en cómo sonríe con esa expresión que mezcla lujuria con adoración. Sé que lo impresiono. Sé que me desea.
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Tras de ti
Mystery / ThrillerElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
