ARCHIVO 006

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Marc

No debería pensar en ella.

No con esta intensidad. No con esta necesidad violenta que me atraviesa el pecho cada vez que cierro los ojos. Pero ahí está. Lena cuando está susurrando mi nombre al oído con los muslos temblando alrededor de mi cintura.

Camino por el pasillo mientras Alice me entrega una carpeta y me recuerda lo tarde que estoy. Habla, pero no escucheo. Solo tengo el eco de su voz entrecortada en mi oído, su olor aún impregnado en mis dedos, en mi camisa. Me siento un maldito adolescente después de la primera vez, solo que esto... esto fue una bomba atómica emocional.

Cierro la puerta del ascensor y me miro en el espejo. Parezco el mismo. El traje bien puesto, el nudo de la corbata impecable. Pero por dentro, estoy destrozado. Ella me está jodiendo el alma. Me corrió el cuerpo, pero también el juicio.

No fue solo sexo. Fue algo más.

Me follé a mi mayor tentación en el mismo lugar donde firmo tratado, redactado leyes, salvo y condeno vidas. Y ahora no puedo pensar en nada más que en volver a tenerla encima. O debajo. Oh donde sea.

Sus gemidos me siguen como un maldito tatuaje sonoro. Su mirada clavada en la mía cuando se vino, cuando me hizo su prisionero sin cadenas. ¿Y lo peor? Lo sabe. Esa mujer sabe perfectamente el poder que está teniendo sobre mí, y lo está usando. No sé con qué intención. Pero si esto es un juego, yo ya estoy perdiendo.

Me siento en la sala de reuniones, rodeado de asesores que discuten algo sobre el presupuesto y la redistribución de fondos. No escucho. Solo el recuerdo a ella. Su falda a medio muslo. Su perfume. Esa mirada que parece suplicante, pero en el fondo es una amenaza.

Porque Lena es un arma. Y yo acabo de apretar el gatillo apuntando directo al corazón.

De pronto, alguien menciona a Wellspring Coalition, una de las ONG que apoyan mi campaña. Vuelvo a la realidad con un sobresalto.

Termina la reunión. Me levanté con un nudo en el estómago. Camino hacia mi despacho y solo una pregunta golpea contra mi conciencia, insistente como un cuervo sobre carroña:

¿Qué demonios hiciste, Marc?

Desde que me divorcié de Charlotte, me juré no mezclar mi vida personal con mi casa. Era por respeto. A mi hija, a mí mismo, incluso a Charlotte. No me parecía justo traer a una mujer a este lugar, nuestro lugar, si no era alguien que tuviera un espacio real en mi vida. Pero Lena...

Lena es un torbellino. No pide permiso para entrar, simplemente atraviesa las puertas con esa mirada suya que me desarma, y lo peor de todo es que no me importa. No me importa romper mis propias reglas si eso significa volver a saborearla. Aunque me haya estado evitando toda la maldita semana. Aunque me haya dejado con un hambre que roza lo insoportable.

—Marc... —Roger me llama, sacándome de mis pensamientos.

—¿Estás prestando atención?

—No, perdón —admito con sinceridad, mis dedos tamborileando sobre la mesa mientras en mi cabeza solo repito su nombre—. Estoy un poco distraído.

Roger me lanza una mirada entre frustrada y cansada, pero no insiste. Me pasa las hojas con las propuestas que debatiremos la próxima semana en la cámara. La campaña está en su punto más crítico. Las encuestas nos colocan en segundo lugar, pero no podemos confiar. No cuando se trata de una silla en el Senado. No cuando Gable ha sido asesinado hace menos de una semana.

Las sospechas Aunque no hay una denuncia formal, las sospechas están en el aire, flotando como un gas tóxico que amenaza con contaminar todo lo que hemos construido. Los medios no lo han dicho directamente, pero sus titulares están plagados de insinuaciones. "¿Fue Gable una piedra en el camino político de Turner?" "Gable tenía enemigos poderosos". "¿Quién se beneficia de su ausencia justo antes de las elecciones?"

Tras de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora