Thaile
Un par de semanas antes...
—Quédate quieta, que me estás mareando —gruñe el general, ataviado con su uniforme de gala, condecoraciones brillando bajo la tenue luz del salón privado. Su voz es seca, pero sus ojos la siguen con una mezcla de impaciencia y ternura inconfesa.
Yo doy otra vuelta en círculos, con el vestido blanco ceñido como una segunda piel, tan apretado como la angustia que me sube por la garganta. El escote de encaje floreado se enrosca sobre mis clavículas como una trampa hermosa. Parezco lista para un cuento de hadas. Pero dentro, me siento como si fuera a una ejecución elegante.
—Creo que mejor me voy —murmuro, buscando la puerta. No sé si corro hacia la libertad o hacia el abismo. Pero sé que no puedo quedarme.
Una mano fuerte me sujeta del brazo, firme pero sin brusquedad.
—Oye —me reprende el general—. No puedes huir de tu propia boda.
—Sí, sí puedo —insisto, pero mi voz tiembla. La máscara de seguridad que he llevado durante años está agrietándose.
—Thaile... —dice con un suspiro profundo—, joder, que tú has matado sin pestañear. Has mentido, traicionado, manipulado a hombres más poderosos que cualquiera de nosotros. Pero hoy... estás temblando por decir sí, acepto.
Me muerdo el labio, y por primera vez en mucho tiempo, siento que voy a llorar.
—No sé si sirvo para esto —susurro—. No sé ser esposa. Ni madre. ¿Y si lo arruino todo?
Él me toma las manos. Sus dedos ásperos contrastan con mis uñas impecables. Me observa como si aún pudiera ver algo en mí que yo no reconozco.
—Pues seguramente serás un desastre —dice, sin rodeos—. Pero serás el desastre que ellos aman. Y, aunque no quieras admitirlo, el que tú también deseas.
—Pero...
—Pero nada, Dubois —interrumpe con severidad—. El hombre que está allá afuera te vio en tu peor versión... y aún así quiere casarse contigo. El niño que duerme esta noche en brazos de tu madre tiene sus ojos y tu sonrisa. Te guste o no, ya eres más que una asesina. Ahora ve, cúmplele la fantasía... antes de que tú misma la destruyas.
El silencio se espesa. Al otro lado de la puerta, la música nupcial comienza. Un cuarteto de cuerdas en vivo. Melodía lenta, elegante, casi fúnebre para mí.
Me engancho al brazo del general. Camino como si cada paso me llevara más lejos de la mujer que fui... y más cerca de la condena que he elegido.
—¿Lista? —pregunta él con una sonrisa torcida.
—No —respondo. Y, aún así, avanzo.
Mi corazón late con fuerza, como si quisiera escapar de mi pecho. Las puertas dobles del salón se abren con solemnidad, y todos los invitados se levantan. Un murmullo recorre el lugar como una oleada contenida de expectativa.
A la izquierda, Rosie y Roger están tomados del brazo; junto a ellos, Shun y Leah. Del otro lado, Blanca sostiene a Ilhan, que bosteza con pereza, mientras Elías y Nicolás la flanquean. Todos de pie, todos testigos de algo que jamás creyeron ver: yo, vestida de blanco, caminando hacia un altar como si esto fuera normal. Como si pudiera ser real.
Esto no es un sueño mío.
Esto nunca estuvo en mis planes.
Y sin embargo, al ver al hombre que me espera al final del pasillo, con los ojos húmedos y una sonrisa que apenas logra contener, siento que si parpadeo, todo desaparecerá. Volveré al vacío frío de un departamento donde solo yo sé mi nombre verdadero. Donde nadie me espera.
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Tras de ti
Tajemnica / ThrillerElla tiene un objetivo: ir tras él. ¿Pero qué pasa cuando la leona empieza a compadecerse de su presa y comienza a verlo con otros ojos? Él, un político que está a punto de ascender junto a su partido, sin imaginarse que, a ciegas, le ha abierto las...
