ARCHIVO 042

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Thaile

Las tres chifladas y yo, junto con otras convictas, somos trasladadas al taller de informática como parte del programa de reinserción. Una excusa absurda, si me lo preguntan. No hay redención en este lugar, solo vigilancia disfrazada de oportunidades.

Nos asignan estaciones, y yo me acomodo frente a una computadora oxidada por el tiempo y las manos temblorosas de otras reclusas antes que yo. Finjo interés en el taller, pero mi atención está muy lejos de las instrucciones del monitor.

Deslizo la mano dentro de mi mochila desgastada que me dieron las chicas y saco un viejo libro de Bukowski. Oculto en sus páginas está mi verdadera herramienta: un USB camuflado, con un software de penetración que escribí línea por línea en las noches de insomnio en mi celda. Es mi llave, mi venganza cifrada en código.

Lo conecto sin hacer ruido, con la naturalidad de quien ha hecho esto más veces de las que puede contar. Mi rostro permanece sereno, mientras en la pantalla, el sistema comienza a quebrarse. Las restricciones caen como fichas de dominó. Mi software elude los firewalls internos, crea rutas paralelas, y establece una conexión encriptada con un servidor externo escondido tras una VPN rusa.

—Vamos, cariño... —murmuro, mientras ingreso una secuencia de comandos y los permisos comienzan a liberarse como puertas abiertas ante mi presencia.

Navego por los archivos de seguridad con la precisión de una cirujana, extrayendo códigos de acceso, credenciales del sistema de monitoreo y los registros internos del penal. Todo lo que necesito para el siguiente paso: controlar lo que ven, lo que oyen, y cuándo lo oyen.

Copio el archivo raíz de acceso al USB y limpio cada paso. Borro los temporales, enmascaro los comandos con procesos falsos, y reescribo los logs para dejarlo todo impecable. La cárcel cree que me está reformando. Lo cierto es que me está armando.

Cuando termino, saco el USB y lo guardo nuevamente entre las páginas del libro, justo cuando la instructora nos recuerda el ejercicio de la clase: crear una presentación que exprese lo que más te ha marcado emocionalmente".

Sonrío. Porque la mía ya está lista.

Título:

RAZONES POR LAS QUE ODIO A MARC TURNER

— Porque se casó con la perra de Charlotte como el imbécil que es.

— Porque se cree un santo, pero apesta a hipocresía.

— Porque me usó para olvidarse de su miserable vida.

— Porque me besaba como si me amara y luego me negó como a una puta.

— Porque me tocaba como si yo fuera suya, pero no tuvo los huevos para quedarse.

— Porque sus manos me conocen mejor que las mías y me repugnan sus caricias.

— Porque me hace sentir. Maldito sea por eso.

— Porque su sonrisa idiota me hace dudar de mi odio.

— Odio a su familia moralista.

— Porque su estúpido partido lo aplaude mientras él se pudre por dentro.

— Porque no lo puedo sacar de mi maldita cabeza.

— Porque no lo maté cuando tuve la oportunidad.

Adjunto una foto suya —traje azul, sonrisa impecable, ojos cargados de promesas que nunca cumplió— y le dibujo una cruz roja encima, no como símbolo de muerte... sino como una herida que nunca terminó de cerrar.

Una voz seca rompe el murmullo del taller.

—¿Se puede saber qué es esto?

Levanto la vista despacio. La oficial Sánchez está parada detrás de mí. La miro con calma, aunque ya sé qué parte leyó. La atmósfera se tensa. Las demás internas disimulan, pero todas están escuchando.

Tras de tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora