𝙍𝙚𝙣𝙚𝙨𝙨𝙖𝙣𝙨 ➪ 𝙍𝙚𝙣𝙖𝙘𝙞𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤 | 𝙎𝙚𝙘𝙪𝙚𝙡𝙖 𝙙𝙚 𝙎𝙤𝙪𝙛𝙛𝙧𝙖𝙣𝙘𝙚.
Durante el enfrentamiento contra Victoria Velazco Dávila, la jefa de una mafia mexicana, Aysel Ferrara Ávila y Lilith Romanov perdieron la vida. El mundo ha se...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
20 de Abril de 2024 10:15 am, Ciudad de México.
Aysel Ferrara Ávila.
La muerte es algo que jamás se puede evitar. No importaba si venía en forma de una bala en medio de un enfrentamiento, de un accidente aéreo o incluso de alguna tortura maquinada por el torcido ingenio humano. La llamada sobre la muerte de Paulo de Oliveira las tomó por sorpresa, el hombre había estado en una posición delicada después de ser herido por Maite en su fuga, pero su estado estuvo estable hasta la tarde del día anterior, cuando el inerte doctor, encontró su muerte en un paro cardiaco que terminó con su coma de tres meses.
Aysel miró por la ventana del jet privado, la ciudad, la inmensidad de la urbe que llamaba su hogar y el de su familia. La aeronave iba en descenso mientras su esposa tomaba un lugar a su lado preparándose para el aterrizaje. El puño de Ferrara había dejado marca en su propia mejilla al recargarse en él durante mucho tiempo, desde esa posición miraba por la ventana y después a la pequeña rubia en el asiento delante de ellas, dormida y tapada por la chaqueta de cuero de Lilith.
Levana respiraba tranquila, su cabello, dorado y sedoso, caía en pequeños caireles sobre sus hombros. Parecía un pequeño angelito en la tierra, uno que no tenía que ver ni la mitad de lo que Lilith y ella habían visto durante toda su vida.
—Pronto será su cumpleaños —dijo Lilith en voz baja para no despertarla.
—Lo sé —habló Aysel—. Creo que sus amiguitos están más ansiosos por ir a la casa que ella por invitarlos.
—No es sorpresa que nuestra princesa tenga todo lo que un niño quiere tener —habló Lilith—. No me sorprendería si crece siendo una consentida.
Romanov le besó el pelo a su esposa y luego la frente, entrelazó su mano con la suya.
—Me recuerda a ti —comentó Lilith, Aysel volteó a mirarla sin decir ni una palabra con un gesto de confusión—. Leva se ve físicamente como yo, pero, su personalidad, es similar a la tuya. Es piadosa, amable, se preocupa por los demás, incluso es un poco tímida y reflexiva. Tiene el mismo brillo que tú tienes en tus ojos.
—Bueno, me merecía algo de crédito, amor —dijo Aysel—. Nueve meses en mi vientre y parece que hice una copia tuya con mis ojos.
Lilith se río. Le besó la mejilla a Aysel y se recargó sobre su cabeza en un gesto cariñoso sin dejar de sonreír.
—Dos años —dijo Lilith—. Nuestra bebé tiene dos años.
—Está creciendo muy rápido —comentó Aysel con un tono melancólico—. Y nosotros estamos envejeciendo al mismo tiempo.
Lilith bajó la mirada, se apartó ligeramente del contacto de su esposa, pero siguió sosteniendo su mano. Reflexiva, Romanov comenzó a hacer pequeños círculos en el dorso de la mano de Ferrara, pensando, buscando las palabras y la manera de expresarse.