04 | Un corazón convertido en cristal
Julia
Me senté en la cama con la mirada fija en la mesilla de noche. O más bien, con la mirada fija en lo que estaba sobre la mesilla de noche.
Mis ojos atravesaban ese cristal, e intenté hacer lo mismo con el papel.
Ladee la cabeza y observe con más intensidad esa botella frágil de cristal. Nunca os habéis preguntado ¿por qué son tan transparentes y a la vez tan duras?
Yo lo hacía continuamente. ¿Me identificaba con una botella de cristal? Podría decir que mi corazón sí que lo hacía.
Que mi corazón se sentía como el cristal. Pero a diferencia de la botella que tenía delante; mi corazón era opaco. Nada transparente. No dejaba a la vista su interior.
El papel que tenía la botella dentro no me dejaba ver más allá de ella. Es como si estuviera dentro atascado, sin poder salir, y le quitará sitió al interior vacío de ella.
Me incliné hacía delante y fijé mi mirada en el dibujo trazado sobre el papel amarillento. Depende de donde fijaba la vista, el cristal me hacía sufrir ilusiones ópticas.
Mi mirada jugó con el cristal. Interprete de diferentes formas el dibujo de dentro.
Nunca llegué a entender este dibujo, de hecho, era el único dibujo de mi abuelo que no llegué a entender.
Fue la última botella que me regaló antes de fallecer. El regalo fue acompañado con un largo silencio, fue diferente.
Siempre que me regalaba una botella con una nueva ruta o propósito; iban acompañadas de una nueva filosofía. Un nuevo descubrimiento, algún tipo de ilusión, o incluso un reto motivador.
Esa fue distinta. La acompañó el silencio. Me la entregó con cuidado sin apartar la vista de ella, la agarré con fuerza y la pegué a mi pecho como lo hacía con todas.
Pensé que la cosa iba a quedarse en ese silencio; hasta que de espaldas me dijo:
— Sabrás cuando soltarla.
Sus palabras no provocaron ningún tipo de reacción. Seguí en la misma postura que cuando me la entregó; dándole calor a la botella en mi pecho. Era una manera de desear y llenar la energía de esa pieza de cristal.
Desde aquel momento, cada día, antes de acostarme, durante la estancia en el pueblo; miraba la tinta trazada sobre el papel. Cada día intentaba sacar una nueva conclusión sobre ese dibujo. Cada día lo pensaba, cada noche. Reflexionaba.
Pero nunca me atreví a preguntárselo a él.
Hubiera sido demasiado fácil pedirle la explicación de sus trazos, pero prefería llegar a conectar con cada línea yo sola. Buscar la respuesta en ese dibujo y llegar a entender su cabeza.
Mi abuelo era de pocas palabras, pero sus dibujos eran como relatos.
Todos contaban una historia. Todos tenían un objetivo.
No me atreví a tocar la botella, frustrada; resople y me tumbé boca arriba en la cama. Me pasé las manos por la cara y me masajee la sien durante unos segundos.
Dejé caer mis brazos a los laterales, pegados a mi figura y empecé a replicar con los dedos sobre las sábanas.
Mis uñas rasgaban las sábanas, y el sonido inundaba la habitación silenciosa.
La habitación estaba en silencio pero mi cabeza no. Ahí dentro todo era un caos revolucionario.
Sabía que lo iba a ver, lo sabía. Sabía que yendo al pueblo no lo iba a poder evitar. ¿Por que fué tan agrio el momento? ¿Por qué sentía tanta rabia en estos momentos?
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Haremos ruido desde la luna
Romance"Fui a escribirte te quiero en la ventana" Julia, con el corazón agrietado, desapasionada hacía sus sueños de niña, con miles de preguntas bajo el colchón; encontró el último regalo de su abuelo. Diego, acompañado de su guitarra buscando su musa por...
