15 | Silencio
Julia
El verano corría y yo andaba en contra de él.
Eché el freno de mano, confundida.
Salí del coche y lo primero que me invadió fue la tierrilla que levanté anteriormente con el coche. No había nada más que suciedad, basura y metales oxidados.
Era campo. Otra vez.
El sol daba de frente, y mis tripas marcaban presencia en ese momento. No había comido nada por la ansiedad de llegar.
Me puse como objetivo salir de casa, no encerrarme sola en ella para ocultarme de todo el exterior. Y lo cumplí.
Salí cada día, todas las mañanas pasaba tiempo con Bea antes de que ella entrara a trabajar en su última semana de trabajo.
Subí algunos mediodías y cuando veía que la situación me superaba me bajaba a casa. Cada día, lo afrontaba mejor que el anterior, y ya no me molestaba tanto ver a los de mi alrededor disfrutar de algo que yo me prohibí en su momento.
Me escapaba cada noche al mirador del pueblo, hasta las barras, buscando ansiosamente la soledad bajo la luna. Pero, me contradecía a mi misma cuando las ganas de encontrarme a Diego vencía a la voz mayor de mi cabeza.
Empezaba a notar una calma extraña en mi pecho. Durante el día, tenía momentos tranquilos sin ningún tipo de presión, algo que hacía años que no sentía.
Estaba sintiendo la balanza en mi vida, sin yo saberlo, estaba gestionando ese peso que me encorvaba.
— Vamos Julia, imagínatelo — susurré para mis adentros.
Puse todo mi empeño en reemplazar el campo, en cambiar su apariencia sobre mi campo visual. Me intenté concentrar con todas mis ganas puestas en ello, pero no era capaz de ver más allá de un trozo de campo con mucha tierrilla y suciedad.
Ande hacía delante y detrás, cuando me canse; empecé a hacerlo en círculos. Probé girar sobre mi propio eje, pero nada.
Toda la concentración que conseguía reunir se iba al garete en cuanto veía un trozo de metal más grande que el anterior.
— Joder — murmuré, al darme cuenta.
Como si la vida se me volcara en esa idea repentina: abrí la puerta del coche y alcancé mi bolso.
Rebusqué en él con la esperanza de hacerme con un trozo de papel en blanco o una libreta, no tenía, lo único útil que encontré fue un lápiz.
Me apoyé, frustrada, en el reposacabezas con el lápiz en la mano.
— No puedo creer que vaya a hacer esto — cogí mi lectura actual del bolso.
Pensé cuatro veces en si arrancar una hoja o no. Me gustaba pintar mis libros, si, pero no arrancarles las hojas innecesariamente.
Me convencí a mi misma de que era la única alternativa que tenía para revivir este lugar.
Con dolor en el pecho, arranqué una de las hojas de atrás donde especifican las ediciones de la novela y la imprenta.
Apoyé la hoja del lado vacío en el libro y empecé a trazar unas finas líneas en horizontal. Desviando varias, y con ellas creando pequeños caminos. Un círculo por la derecha, otro por la izquierda; con otros a su alrededor para crear más atracciones.
Me llevó largos minutos hacer el dibujo. Me puse muy estricta con varios puestos en miniatura, y desde luego, con el saltamontes.
Pero finalmente, lo conseguí, en mis manos tenía dibujada la feria.
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Haremos ruido desde la luna
Romance"Fui a escribirte te quiero en la ventana" Julia, con el corazón agrietado, desapasionada hacía sus sueños de niña, con miles de preguntas bajo el colchón; encontró el último regalo de su abuelo. Diego, acompañado de su guitarra buscando su musa por...
