| Carta 7 |

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| Carta 7 |


01:35 am.

Hola de nuevo Julia,

Espero que os estéis divirtiendo.

Llevaba días planeando el momento perfecto. Cena, velas, los dos solos... ya sabes toda esa inutilidad.

Quería que fuera perfecto, pero nunca me parecía que estuviera completo. Añadía más y más, pero nunca lo que yo veía correcto.

El momento tenía que ser inolvidable.

La suma de dinero que me gaste con ese complemento tan pequeñito merecía un momento idóneo. Con miedo a perderlo, siempre lo llevaba en el bolsillo.

Mi madre me regañaba diciendo que lo iba a perder, que era un irresponsable por llevarlo siempre encima.

Días y días planeando una pedida de mano perfecta... para acabar rompiendo los esquemas como siempre.

Ese mismo día, tuvimos uno de los conciertos más grandes hasta la fecha. Ni yo ni tu abuela nos podíamos creer que habían triunfado tres simples canciones.

No teníamos más, solo tres. Lo demás eran versiones de otras canciones.

El local era amplio, estaba lleno de gente esperando a que subiéramos; los dos estábamos nerviosos pero la adrenalina era mayor.

Gente como nosotros nos esperaba en la pista.

Fue tan increíble que tras eso salimos todos de fiesta de imprevisto.

En verdad, no era una fiesta. Empezamos solos nosotros, celebrando la cima, celebrándolo todo; pero acabó uniéndose gente y más gente hasta que el descampado se quedó pequeño.

Bebimos una cantidad razonable sin perder la razón ni rumbo mental. Estábamos eufóricos, felices y en la cima.

Bailé. Bailamos juntos, y sin pensarlo más... me arrodille.

Frente a todos.

Podría haber esperado al día planeado... con velas, una cena romántica, los dos solos y un largo etc. Pero nada de eso iba con nosotros. De vez en cuando estaba bien ser tradicional y correcto, pero no para un momento que recordaremos todas nuestras vidas.

Necesitaba seguir trazando la misma locura, así que, en medio de una fiesta ilegal, me arrodillé y le pedí matrimonio a la mujer de mi vida.

Nuestros amigos, los desconocidos acoplados (pero bienvenidos), gritaron y nos levantaron por los aires cuando tu abuela pronunció el sí quiero.

Esa noche, divirtiéndonos tras triunfar, unimos nuestras vidas por siempre. Como dijimos ante el cura "hasta que la muerte nos separe".

Nuestros caminos ya marchaban juntos, pero ese pequeño anillo nos unió con más fuerza y trajo una nueva ilusión a la vida de nuestras familias.

Me encerré en hacerlo perfecto, a la manera de los demás. Pero en medio de esa fiesta me dí cuenta de que hasta ese momento los dos volábamos por encima de los demás.

Los dos juntos cambiamos el orden a los pasos que faltaban por dar.

Los dos juntos creamos nuestra propia vida.

Y todos los momentos significativos de nosotros estaban marcados por la adrenalina.

¿Cuántas pedidas de mano se han visto en medio de una fiesta ilegal en 1929?

¿Y cuántas en restaurantes?

Conclusión:

Vive la vida que quieras vivir, Julia. No te reserves para mañana, hazlo hoy. Que te de igual lo que piensen de ti, si tu eres feliz y sabes lo que haces sigue. Es ahí.

No tengas miedo, y si lo tienes, no te preocupes no te morirás de ello.

El miedo es insignificante al final del camino.

Te pongo un ejemplo:

Vives con miedo, corres y corres para que no te alcance... Corres sin pararte a disfrutar de la vida, porque corriendo no disfrutas de nada. Te lo pasas todo de largo, creyendo que si te paras, el miedo te va a atrapar y te va a dejar sin respiración.

Pero al final, cuando paras de correr, cuando ya no hay camino, te darás cuenta que has corrido sin nada persiguiéndote.

Querrás encender la luz desde el interruptor, pero esta se irá apagado. Pero con las últimas chispas que queden, verás todo lo que has dejado atrás por correr.

Deja al miedo esperar en la puerta. Dale en las narices con una de madera.

El miedo solo existe si tu le das vida.

No corras, si quieres vuela como tu abuela y yo, por encima de todos.

Nosotros volamos por encima de la civilización y nos colgamos de la luna para sentir la dosis de adrenalina que merecíamos vivir.

¿Tu que harás pequeña Julia?

Acabamos todos delirando bajo las estrellas, pero felices... a punto de ser marido y mujer.


De tu abuelo.

Haremos ruido desde la lunaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora