24 | Micro abierto

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24 | Micro abierto


Julia

Aún no me creía que me había ofrecido a componer la canción junto a Diego. Componer. Solo eso.

Pero el crear esa canción suponía pasar mucho tiempo junto a él, además de abrirnos en canal para crear, y dejar fluir las letras.

Siempre he pensado que componiendo una canción es cuando más vulnerable te ves. Las palabras que salen en esos momentos, son las que más definen el estado de tu corazón a minutos.

Iba a compartir mucho tiempo a solas con Diego, con él y su música.

La música me hace abrirme en canal y ser vulnerable, pero con Diego siempre me he sentido desnuda. Cuando compartía música con él, compartimos cuerpo y alma. Nos entregamos a ella como si fuera lo único que hiciéramos.

Compartimos intimidad, intercambiando y opinando sobre nuestras letras. Esos momentos fueron más fuertes que cualquier contacto con otro chico. Por eso, me perdí en sus ojos grises.

Solo éramos dos críos. Pero dos críos apasionados por la música y por dedicarnos a ella.

Claro que el deseo se quedó a medio camino, él lo fue cumpliendo pero yo no.

Me daba pánico volver a vivir toda esa historia. Y no me refiero a la historia con Diego, ya que nunca empezó.

Me refiero a mi historia con la música.

¿De verdad estaba preparada para volver a chocar con ella? ¿Con todas esas emociones?

Era incapaz de respirar encima de un escenario.

Solo lo volví a intentar una vez, y sentí que todo el aire de mis pulmones se escondía tras los que estaban expectantes a mi. Lo hice en el bar en el que trabajaba, a modo de karaoke.

Me tuve que bajar de golpe dejando a todos con el aplauso en el bolsillo. Me encerré en el baño y traté de recuperar el aire que me faltaba.

No me podía creer que toda la seguridad con la que nací arriba del escenario, se esfumara de golpe en un intento.

Esa noche en el baño supe que había desarrollado un pánico escénico, y que no iba a volver a cantar frente a nadie.

Mi voz se escondía, y no quería salir.

Mi voz era otra cualquiera tras la barra, solo una vez más cogí el micrófono, y lo hice sentada en el almacén; tras la barra, donde nadie me podía ver.

Caminé hasta la puerta en cuanto escuche el sonido de la bocina, mis tacones hicieron retumbar las paredes a cada paso.

Me metí en el coche a mi bola e ignoré el silencio de él, me acomodé en el asiento y me abroche el cinturón.

Volví mi cara a los dos que me miraban con atención.

— ¿No vas a arrancar? — me dirigí a Diego.

— Ahora mismo.

Sonreí irónicamente.

— ¡Hola Julia! — saludo Rodrigo desde el asiento trasero.

— Hola — respondí.

— Hola — Diego volvió a abrir la boca.

— Hola — volvió a decir Rodrigo.

— Arranca — dije entre dientes, mientras puse los ojos en blanco.

Los dos rieron, y yo repetí el gesto con mis ojos.

Haremos ruido desde la lunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora