| Carta 5 |

33 3 0
                                        


| Carta 5 |


Querida nieta,

Este es un viaje maravilloso.

Mi brazo rodeando su cuello ya era rutina diaria. Íbamos de a poquito poco, dando pasos pequeños.

Y uno de los pasos fue incluirnos en los planes del otro. Recuerdo la primera vez que sus amigas me rodearon, formaron un círculo alrededor de mi, analizando cada último pelo de mi escasa barba de joven.

Me sentí señalado, ¡hasta me sudaban las manos! Miraba de reojo a todas como criticaban hasta mi última prenda.

¡Casi lo recuerdo peor que cuando conocí a mis suegros!

El primero con mi grupo de amigos fue fácil, le costó integrarse en las conversaciones de gamberros, pero enseguida la incluían y aportaba lo más sensato posible.

Después aprendió que en mi grupo de amigos era mejor hablar sin sensatez y soltar la primera barbaridad ocurrente por la cabeza.

Una noche, coincidimos los dos grupos en el mismo local.

Un pequeño secreto: yo ya sabía que ellas iban a acudir esa noche a ese local.

Convencí a mis amigos de ir, y ellos aceptaron con la condición de llevar a sus parejas. Así que nos presentamos así.

En mesas diferentes, pero tenía una vista perfecta a su perfil perfilado y bronceado.

Las copas de vino iban y venían, los cantaores se dejaban la voz y el sudor para nosotros.

Acabamos todos con todos, hablando y riendo por cualquier tontería. Mi brazo volvía a estar alrededor de ella.

La miraba reír y se me iluminaban los ojos.

A media noche, las amigas de tu abuela insistían en que ella subiera al escenario. Apoyé esa decisión.

Sonrojada repetía una y otra vez que no.

— Subo contigo — susurré a su oído.

Recuerdo esa mirada como si fuera ayer. La subió hasta mis ojos.

Joder, esos ojos brillaban más que la mismísima luna.

No necesite más, tire de ella al escenario. No me importó toda la gente expectante a nosotros.

Simplemente cantamos.

Acompañe su dulce voz. Y cante mirándola a los ojos, no apartamos la mirada ni un solo segundo.

Nosotros llenábamos todo el local con nuestra voz y química.

Acabamos de cantar y todos estallaron frente al escenario. Escuchaba barullo de frente, a la gente gritar, pero yo solo estaba pendiente a su respiración agitada.

Cara con cara, sonrientes y triunfantes.

Recuerdo acercarme y acariciarle la mejilla. Después, todo fue rápido y mutuo. Cuando quise aterrizar nuestras bocas estaban juntas.

Y a esto no le voy a dar más detalles, no me olvido que eres mi nieta Julia. Pero toda historia tiene que fluir, está claro.

Todos a nuestro alrededor estaban enloquecidos, yo no era el más consciente del mundo. Seguía con los pies en la luna y la cabeza en aquel primer beso.

Nuestros amigos no paraban de repetirnos lo alucinante que había sido nuestra química arriba del escenario. Nosotros le restamos importancia.

Aterricé esa misma noche, cuando un joven de ojos enormes se acercó a nosotros.

— Quiero que cantéis todos los sábados.

Fue breve y claro. Nos pilló por sorpresa.

Lo que para mí fue algo romántico e íntimo, para los demás fue una gozada (o eso dijeron).

No nos dimos cuenta al aceptar, éramos muy jóvenes, pero esa noche comenzamos a cocinar nuestro futuro.

Antes de irnos, con una gran sonrisa, nos sacamos una foto de la mano con el joven.

La foto está en el sobre Julia.

Que viejo me veo ahora, con el atractivo alto que tenía de joven...

En fin, cuando menos te lo esperes estarás tejiendo tu propio futuro, todo empieza desde lo más pequeño.

Nunca se empieza por arriba, todo se trabaja y cada vez será más grande.

Parte de nuestro cocido eres tú, Julia.

Te menciono en cada carta las reglas, espero que las estés cumpliendo. Es lo único que te pido.

Este mapa está dibujado detrás de la foto del local (algo diferente).

Siempre vamos a estar contigo.


De tu abuelo.

Haremos ruido desde la lunaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora