05 | Un recuerdo diferente

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05 | Un recuerdo diferente


Diego

Mi campo de visión era toda la parte baja de un coche de más de dieciséis años. Era la quinta vez que el cliente nos traía el coche por el mismo supuesto problema. Estaba cansado de revisar el coche una y otra vez y no encontrar nada.

Cogí el trapo que había dejado encima del capó para quitarme la grasa de las manos. Era rutina tener mis manos casi negras y aceitosas.

Por las mañanas me dedicaba a trabajar en ese pequeño taller mecánico reparando vehículos. Y por las tardes intentaba dedicarme a ser músico.

Ambos oficios me daban algo de dinero, uno más que el otro.

— Diego, cámbiale los amortiguadores al negro.

Asentí a la voz de mi superior, y frotándome las manos pase al otro lado para empezar a trabajar con ese coche negro.

No disfrutaba especialmente mi trabajo, pero sí que lo hacía del dinero que me daba meter horas ahí, por lo que no me pensaba quejar.

Busqué amortiguadores nuevos, y empecé a desmontar la rueda. Me puse a mi alcance todas las llaves que iba a necesitar.

Eso lo hacía casi diariamente en mi trabajo, me gustaba echarle la culpa de mi falta de inspiración a la rutina. A la monotonía. A lo de siempre.

Todos los días era lo mismo, no experimentaba nada nuevo. Cuando se me daba la oportunidad de hacerlo me echaba para atrás solo por vagancia. Por nada más.

El no poder escribir letras me sumergía en una frustración continua y lineal, de la que no podía salir.

Los días de invierno en ese pequeño pueblo eran largos, agotadores y todos similares. Los primeros quince días eran pasables, pero los siguientes noventa y tres eran una puta tortura.

El tornillo de la barra estabilizadora se estaba resistiendo a salir, así que me tuve que levantar a por el gato que no contaba con utilizar.

Mientras quitaba el muelle del amortiguador no pude evitar atormentarme por las escasas palabras que

salieron de la boca de Julia anoche.

Me apetecía ir al tablado para estar rodeado de arte, y más me apetecía que Julia estuviera allí. Quería llenarme y alimentarme de ese ambiente.

Quería buscar ahí a lo que le llaman "la musa'', o más bien lo que me dice Rodrigo que me falta.

¿La musa podría ser el verano? ¿Iba a alimentar mi inspiración con el verano?

Me cosquilleaba el pecho solo de simularlo en mi cabeza.

Pero no me cosquilleaba tanto cuando la escena de ayer en el baño con Julia se me proyectaba en la cabeza como una torturante película.

Observé cada gesto suyo desde que entró en el local, y pude percibir desde lejos su incomodidad. Sabía que no estaba cómoda y que algo rondaba por su cabeza.

De todas formas puso mucho empeño para que nadie lo notara, pero conmigo no le funcionó. Intenté sonreír varias veces para transmitirle algo de apoyo, pero apartó la mirada. Me esquivaba con los ojos a cada rato.

Tras la pregunta de Pablo, Beatriz iba a salir tras ella pero le pedí que me dejará a mi, lo hice con toda mi buena intención y me lleve la ostia con su contestación.

Algo desconcertante empezó a formarse en mi pecho. Estaba confuso y no conseguía entender porque Julia actuaba de esa manera conmigo.

Sus palabras cortantes me hirieron más de lo que podía pensar. ¿Por qué? Aún no lo sabía.

Haremos ruido desde la lunaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora